Manual del perfecto usuario de la Sanidad pública III: Me voy a Urgencias!

¿Está usted seguro de que ésta es la mejor opción? Indudablemente si su médico le ha indicado que cree conveniente acudir allí y le ha dado un volante (P10), tendrá que resignarse y acudir. Pero si no es el caso, me repito ¿Está usted seguro de que ésta es la mejor opción? ¿No puede esperar a que le atienda su médico? ¿Cree que en Urgencias lo van a ver mejor? ¿Cree que allí le van a hacer más pruebas? ¿Cree que de allí saldrá con un diagnóstico y un tratamiento más fiable que el que le puede hacer su médico? ¿Cree que su médico no lo enviaría a urgencias si considerase que es necesario? En lo tocante a pediatría, ya he insistido en otras entradas que es urgente (en lo tocante a niños) y por tanto no me voy a repetir. Si os incluyo un enlace a la revista Famiped en la que viene a decir lo mismo

Supongamos que la decisión está tomada y vamos a ir a urgencias. Recordemos ir provistos de tarjeta sanitaria, informes previos, medicación que tomamos y volante (P10) si es nuestro médico quien nos remite. Y ahora, sepamos a que hemos de enfrentarnos:

Lo primero que hay que tener en cuenta, es que en Urgencias, pocas son las cosas que son atendidas con caracter «urgente», así que habrá que ir provistos de una buena dosis de paciencia. Antes que nada, salvo que tengamos una urgencia que amenace la vida (una emergencia), tendremos que dar los datos a una administrativa (por mucho que nos duela la muela), así que es mejor hacerlo diligentemente aguardando el turno (no es raro encontrarse con cola). Facilitará mucho la labor de la administrativa si le proporcionamos la tarjeta sanitaria (aunque la tarjeta no es un requisito imprescindible, facilita y acelera las tareas burocráticas), y nos ahorrará lamentables confusiones con el historial de otra persona que se llama igual.

En segundo lugar nos llamarán de triage ¿queeeeeé? . Triage es el nombre que damos a una unidad que prioriza las urgencias y decide a quien hay que atender antes y quien puede esperar un rato (pueden ser horas). Allí os preguntarán que os pasa y os tomarán unas constantes (temperatura, tensión arterial, saturación de oxígeno, frecuencia cardiaca…) y sería muy buena señal que os hagan esperar 5 horas, porque entonces seguro que no es nada grave. El personal de triage establece unas prioridades y pasa esta clasificación a los médicos de urgencias, que en función de la misma, llaman antes a unos que a otros, por lo que no debéis desesperar si observáis que llaman a alguien que llegó después que vosotros, sino más bien sentir alivio.

En tercer lugar habremos llegado a la consulta del médico de urgencias. En la mayoría de hospitales, el médico que nos verá será un Médico Interno Residente (MIR), que es un Médico en posesión del Título de Licenciado en Medicina y Cirugía con todas las de la ley y que además se está formando en una especialidad. Según el tamaño del Hospital y la organización del centro, podemos encontrarnos con varias puertas de Urgencias: la puerta de Pediatría, la de Obstetricia, la de Traumatología, la puerta General, aunque esto sólo suele ocurrir en grandes hospitales. En los hospitales más pequeños suele haber menos puertas: tal vez una de Obstetricia para las embarazadas y otra general para todo lo demás (las puertas no tienen porqué ser físicas y es posible que una embarazada entre por la misma puerta pero sea vista en lugar de por el médico de la puerta general, por el MIR de la especialidad de Obstetricia directamente, o por el MIR de Pediatría en el caso de los niños). Debéis saber que todo el trabajo de los MIR se encuentra bajo la supervisión de los Médicos titulares de Urgencias, a los que consultan en los casos más complicados o ante la menor duda.

Llegado a este punto os pediría un favor: no exageréis, no cambiéis la historia según el médico que os vea. Es muy habitual que se le cuente una cosa al profesional de triage, otra distinta al pobre residente de primer año, cambiéis la versión para el residente avanzado, y no tenga nada que ver con la primera cuando venga el Facultativo Especialista del Area de Urgencias. Este pobre, suele quedar en evidencia si a su vez llama al Internista de guardia, pues este recibirá la última y mejor versión. Facilitaría enormemente las cosas si contáseis la historia tal cual es. En el caso de Pediatría, no suele haber grandes problemas. Si los padres exageran, los médicos no cuestionamos dicha exageración y los niños acaban ingresados y observados. Tal vez tanta exageración sea un Sindrome de Munchausen por poderes y tendremos que constatar durante el ingreso esa forma de maltrato. Así que ya sabéis: no seáis exagerados porque nosotros tenemos la obligación de creernos (aunque no nos creamos ni media) todas vuestras afirmaciones «a pies juntillas», lo que podría acarrear graves consecuencias al niño. Contadle todos los antecedentes (vacunas, alergias), contadle que toma, cuando fué la última vez que acudió a su médico, por qué lo habéis llevado, incluso a que dedica el tiempo libre. Llevad todos los papeles, radiografías, electros, analíticas que tengáis de él. Eso de «ocultar pruebas» está muy feo y es un atraso. Puede que el Servicio de urgencias pueda acceder a vuestra Historia del Centro de salud, pero no es lo habitual, aunque si pueden hacerlo, os podéis ver desenmascarados si contáis un cuento chino y ahí se habrá terminado la relación de confianza mutua que debe reinar entre médicos y pacientes.

Una vez realizada la historia clínica, viene la exploración. Indicad si se trata de un menor las peculiaridades: vomita si le mete el palo, le gusta que lo vean en mis brazos, no le gusta tenderse en la camilla. Esto es especialmente importante si padece un TEA (Trastorno del Espectro Autista). Procure no asustarlo («que no te va a doler» es interpretado como «te va a doler»), seguir las indicaciones del médico para ayudarle y que el niño se sienta confiado. No le mienta («no va a usar el palo», «no te va a doler», «no te va a hacer nada»). Acompáñelo para que se sienta seguro. Déle la mano, esté cerca de él si el médico se lo permite (y si no se lo permíte pregúntele por qué). Esto hará más llevadero el trance de la exploración. No le dé indicaciones acerca del lugar del que se debe quejar.

Una vez valorado por el médico, es una magnífica idea preguntarle qué es lo que piensa, pues tras la historia y la exploración, viene el juicio clínico y éste debe ser previo a cualquier exploración complementaria. No se deje radiar ni pinchar sin saber que es lo que sospecha el médico y qué es lo que tiene pensado hacer en función de los resultados que obtenga con las pruebas que ha pedido. El médico que pide sin ton ni son, generalmente acaba desorientado por los resultados, pues como diría nuestro cordobés universal «No hay viento favorable para el que no sabe donde va» (Séneca). Procure por tanto, no presionar al médico para que le haga cosas o terminarán todos en medio de ningún lugar dando palos de ciego como en una piñata. El problema es que la piñata suele ser el pobre niño que es el que se lleva todos los palos.

Si finalmente ha tenido que ser sometido a pruebas complementarias, como radiografías o analítica de sangre u orina, tenga paciencia porque suelen tardar. Interrogue al medico sobre el significado de los resultados y sobre todo, sobre las implicaciones de los mismos: como consecuencia de un resultado puede darse de alta con o sin tratamiento, ingresarse en observación, ingresarse en planta o exigir la repetición de las pruebas o la solicitud de nuevas pruebas, pero todo esto ya lo deberíais saber antes de que lleguen los resultados.

Si tenéis suerte, os darán de alta sin tratamiento o con tratamiento, pero siempre con un informe detallado de la historia, la exploración, el juicio clínico, las pruebas complementarias, un diagnóstico y un tratamiento si se considera necesario, así como una derivación a consultas externas si fuese el caso.

Y ahora prestad MUUUUCHA ATENCION!!!:

La legislación vigente obliga a todo médico que indica un tratamiento a prescribir el fármaco en una receta oficial. El informe de urgencias no es válido para ir a sacar medicinas de una farmacia. Si el farmacéutico no os pone problemas puede ser porque se trate de un medicamento de venta libre o porque sea vuestro vecino y amigo (a ese farmacéutico regaladle un jamón por navidad, porque las multas por entregar medicación sin una receta médica que la avale son escalofriantes). Así pues no se sale del hospital sin la receta. Eso de que en urgencias no hay recetas es tan increible como si fuéseis a vuestro médico y no tuviese recetas. Puede que no las tengan, pero será porque no las han pedido y tienen obligación de tenerlas. Ya sabéis: reclamación.

Lo mismo es aplicable a «es conveniente que su médico lo mande al especialista de…». Si ve conveniente que lo mande, pues que lo mande él. Esto le evitará alguna discusión con su médico que, aunque no lo crea, puede estar en completo desacuerdo con el criterio del hospital, bien en cuanto a medicinas, bien en cuanto a revisiones por especialistas, bien en cuanto a la necesidad de nuevas pruebas.

Si por fin ha tenido la suerte de escapar ileso del Hospital (con las venas en su sitio y limpio de radioactividad), o si no ha tenido tanta suerte, puede ser necesario llevar el informe a su médico, pero como diría José Mota: «mejor hoy no: mañaaaana». En el hospital le deben haber proporcionado las recetas necesarias para iniciar el tratamiento y desde luego si necesita que lo vea un médico a 3 horas de haberle dado el alta, es que debe estar malísimo y es mejor no marcharse del hospital. Cuando llegue a casa, puede pedir cita en salud responde o a través de la web en la impersonal intersas o con María para ir a su médico sin prisa. De esta forma, si necesita una revisión tras el alta, habrán pasado 1,2 o 3 días con lo que su médico podrá valorar si se ha producido una mejora de las molestias que le aquejan. Si el resultado de la consulta en urgencias es que no tiene nada y por tanto no hay que revisar nada, no es necesario ir a su médico para enseñarle un informe de que no tiene nada y por tanto no hay que vigilar nada. Si acaso, cuando tenga que volver por otro motivo al médico (ojalá tarde mucho tiempo), aprovecha y le lleva el informe. Si usted no lo ha reciclado antes, seguro que el médico lo hace -si es ecologista- o se lo deja para que guarde un recuerdo de su visita a urgencias, pues con la Historia Digital de Andalucía el médico de Atención Primaria puede consultar en la mayoría de lugares una copia de su informe de alta sin necesidad de que usted se lo acerque.

Y con esto, tarde pero cierto, os he informado de cómo funcionan las visitas a urgencias, cuales son vuestros derechos y cuales son las cosas que deberíais hacer.

Espero animarme pronto a contaros el próximo capítulo: la visita al «especialista» o «echando la mañana en consultas externas».

Manual del perfecto usuario de la sanidad pública II. La cita en el centro de salud

Voy a intentar resumir lo básico (podría escribirse un tratado) sobre cuándo, cómo y porqué hay que acudir a un centro sanitario.

Lo primero de todo, deciros que el horario de atención al público en un centro de salud es, generalmente, de 8 a 20 horas, aunque hay centros en nuestra Andalucía que abren sus puertas únicamente de 8 a 15 horas. Esto casi seguro que lo sabéis, pero seguro que no sabéis que del horario de un médico que trabaja en la sanidad pública, sólo el 50% debería ser usado para la atención directa al público. Los médicos, además de atender al público, debemos formarnos todos los días (leer -el periódico en casa-, conectar con compañeros a través de internet, consultar libros, acudir a sesiones de formación continuada, cursos…). También entre nuestras funciones, está la investigación, a la que deberíamos dedicar parte de nuestra jornada. Otra función que tenemos muchos, es la función docente (formamos a otros médicos o a estudiantes de medicina), que también requiere su tiempo. ¿Que decir de la carga burrocrática que soportamos? (he puesto burrocracia con dos eres porque a mí me gusta denominarla así): es una carga pesada e insufrible de interminable papeleo para decirles a los gestores que hoy vimos a 5 o a 50  y que 2 fueron niños sanos y que se hicieron 3 espirometrías y una cirugía menor. Pero no sólo es esto, es el receteo, el rellenar interminables formularios para pedir una analítica o una consulta al especialista. En la era de la informática, la burrocracia es insoportable, pues se podría suprimir de un plumazo con un buen sistema de gestión informático, aunque ya sabéis que bueno, bonito, barato y sin pagar «comisiones» no hay. Así, que cuando a usted le den una cita a las 11, HAGA EL FAVOR DE IR A LAS 11, porque aunque vea la puerta del médico desierta a otras horas, seguro que no se está echando la siesta: puede estar formándose, formando, informando (incluso uniformándose para completar el juego de palabras -esto a primera hora de la mañana-).

Quien, no sólo puede, sino que debe ir sin cita al grito de «abrid paso!»: las urgencias. Y mire ustéd, se lo voy a decir a la cara: no es una urgencia hacer una receta de otro médico, no es una urgencia hacer un volante para un especialista, no es una urgencia una molestia con la que uno lleva varios días… Si queréis saber lo que es una urgencia, clicad aquí. Y sí, nos molesta que vengáis sin cita intentándoos colar por delante de los citados (o por detrás) cuando el motivo de consulta no es urgente. Esto para nosotros los médicos, es inconcebible, habida cuenta que tenéis un teléfono (Salud Responde) que os resuelve dudas sanitarias, que os puede pasar con un médico si vuestra consulta es urgente, que podéis usar internet para buscar información, que podéis llamar por teléfono a la consulta, que podéis enviar un correo electrónico a vuestro médico. Cada vez que lo hacéis, hacéis un mal uso del servicio, con las consecuencias nefastas que eso trae: el mal uso se contagia rápidamente a otros usuarios (los que yo denomino «abusuarios»), el médico no puede formarse, informar, formar y a veces ni uniformar, y eso, aunque vosotros no lo creáis va en perjuicio, a largo plazo, de la calidad con la que se os atiende.

En este punto también os voy a sacar de un gravísimo error: LAS CITAS URGENTES NO EXISTEN! La urgencia verdadera se atiende de inmediato, interrumpiendo la consulta si es necesario. Lo otro, mire usted, es venir SIN CITA, que la administración sanitaria y algunos compañeros nombran eufemísticamente hablando, como citas no demorables.

Tal vez penséis: bueno, pues si nos está diciendo que no vayamos urgente al centro de salud, vayamos a Urgencias: NO! Eso no es lo que yo os digo. Antes de ir a interferir el trabajo de los servicios de urgencia, prefiero que venga a interferir el mío, pero que quede claro que cualquier interrupción no justificada de la consulta va en perjuicio de la calidad del servicio que prestamos.

Sabed también que una demora razonable es que pidáis cita hoy y os la den para mañana (24 horas) y que pretender que todo hay que verlo hoy es irracional y contraproducente para el buen funcionamiento del sistema. Sed previsores cuando os vaya quedando poca medicación en el caso de enfermos crónicos y solicitad la cita para este tipo de cosas con una semana de antelación para cuando os quede medicación para menos de 7 días (6 días lo ideal), es decir, 13 días antes de que se acabe el medicamento, solicitad una cita para la semana siguiente, así podréis elegir mejor el día y la hora a través de Salud Responde o por Intersas. Nunca nos podréis convencer de que es urgente recetarle algo que se le ha terminado hoy, ni que hay que recetarle algo que lo debió recetar el médico de urgencias, que para vuestra información, tiene obligación de expediros todas las recetas de todos los medicamentos que él haya aconsejado. A él no se le acaban las recetas: es que no las solicita. En Urgencias no está prohibido hacer recetas, temen a los abusuarios y pagan justos por pecadores. Cuando os las nieguen: hoja de reclamaciones al canto (esto si es motivo de reclamación y no que tardaron 6 horas en verme porque me picó un mosquito). Los usuarios «buenos» tenéis una enorme responsabilidad que no habéis sabido asumir y dejáis que los «malos» hagan una continua labor de zapa sobre el sistema que acabará por hundirlo. El 99% de las reclamaciones son injustificadas. El 99% de las ocasiones en que sería aconsejable poner una reclamación, no se pone. Así nos va a todos.

Cambiando de tercio, pero siguiendo con el tema, una vez decidido que tenemos que ir al médico, lo suyo es pedir cita: intersas, salud responde, llamando al centro de salud o personándose en él. En ninguno de estos sitios se dan citas de urgencia. Os lo repito: eso, no existe. Cuando el celador o la administrativa os dice: «no hay cita, pero os la doy como urgente», os está diciendo: «No hay cita, vaya usted a la puerta del médico sin cita, que yo ya lo he anotado en una lista especial con lo que él sabe que usted no tiene cita y aténgase a las consecuencias de ir a verlo sin cita: esperará más que los que la tienen, es probable que no le haga esas recetas aunque se tire esperando dos horas y no cuente usted con que le vaya a dar ningún volante para ningún especialista». Las urgencias verdaderas, si pasan por el mostrador (porque no sepan donde está la consulta), entran a grito pelado y JAMAS SE LES PIDE DATO ALGUNO hasta no haber sido adecuadamente atendida y estabilizada.

Antes de ir al médico, conviene ver si lo llevamos todo: tarjeta sanitaria, informe que queremos enseñar, nombre de las medicinas que tomamos (no vaya a ser que el sistema informático esté colgado -cosa infrecuente pero no imposible- y nosotros no sepamos cuales son las pastillitas blancas y redonditas que vienen en una caja de carton blanco con unas rayas amarillas), pequeño informe de la persona que plantea la duda (a veces la duda nos la plantea un profesor y quien nos la traduce es una madre o una abuela a quien a su vez se la ha traducido la madre), sea el profesor, la madre si no acompaña al niño (muy frecuente preguntar a la abuela: ha vomitado, ha tenido fiebre, cuanta fiebre ha tenido, cuantos días lleva enfermo… y que la abuela no tenga ni idea -no somos adivinos y cuantas más pistas se nos faciliten y MAS FIABLES sean las pistas, mucho mejor-). Obviamente podemos prescindir de este informe si al paciente lo acompaña la persona que quiere plantearnos la duda.

En la sala de espera, guardad silencio o hablad en voz baja, aprovechad la espera para leer los carteles que puede haber en la puerta. Ojo avizor con los listos que se os quieran colar porque están «urgentes» (los urgentes nunca están esperando), porque los que tenéis cita indudablemente lleváis más tiempo esperando (contabiliza desde el momento en el que pedísteis cita desde casa y no desde el momento en que llegásteis al centro de salud -¡premio a la puntualidad y al uso responsable de los servicios!-), que el que lleva una hora en la sala de espera con su niño que lleva tres días picándole el culo y ha pasado muy mala noche (en ningún momento se ha planteado desde que comenzó el picor anal solicitar una cita que es lo que hubiese sido aconsejable).

Por último, una vez en la consulta, escuchad con atención, no olvidaros plantear todas las dudas (aunque alguna duda ulterior requiera de una llamada de teléfono o un correo electrónico). No salgáis pensando: no me he enterado de nada. En ocasiones, los médicos, aunque no deberíamos hacerlo, hablamos con un lenguaje difícil de entender aunque para nosotros sea un lenguaje bastante natural. Es malísima idea ir a preguntarle a otro médico lo que se quiso decir en la consulta y esto es muy frecuente cuando de consultas con el especialista se trata: lo van a operar pero no me explicaron bien que le iban a hacer, me han dicho que tiene un nosequé en la barriga y yo no me quedo tranquila… Preguntar no es ofender. Tampoco confundáis preguntar una duda con perseverar en la misma duda una y otra vez (hay dudas que el médico no puede resolver). El médico en ocasiones os da las alternativas para que vosotros decidáis y si hace esto, es porque vosotros sois los que tenéis el deber y la responsabilidad de decidir (y vosotros tendréis que aprender a sobrellevar ese grado de incertidumbre). En ocasiones deberéis pedir posibles alternativas que el médico en un primer momento no os ha planteado: la posibilidad de no usar un antibiótico, la posibilidad de acudir a un especialista (esto puede molestar un poquito, pero con diplomacia, todo es preguntable).

Y algunos consejos generales:

1.- No vayáis de listillos o chistosos: ¿Que le pasa a Pedrito? Yo que sé! a eso vengo!.

2.- No le indiquéis al medico lo que tiene que hacer (nos sienta más o menos igual que si al panadero le dices la levadura que tiene que poner, al albañil el cemento que tiene que añadir o al carpintero como tiene que lijar -básicamente nos pone de un humor de perros-), aunque si podéis plantearle con diplomacia lo que os gustaría que hiciera. Nada de «vengo a que me lo mande al oculista». Mucho mejor «vengo porque creo que ve mal y no se si convendría que lo viese el oculista. Me gustaría que usted me aconsejara».

3.- No intentéis obligar al médico a que haga algo en contra de sus conocimiento: recetar algo que prescribió otro y con lo que no está de acuerdo, derivar a un especialista para que confirme lo que él ya sabe, que haga pruebas de todo tipo, que os aseguro, acarrean en ocasiones más incertidumbre que conocimientos útiles.

4.- No pretendáis que el médico os resuelva lo que vosotros debéis resolver: cambiar una cita con el especialista, reclamar una revisión que no llega, pedir explicaciones sobre lo que ha hecho otro médico.

5.- Jamás discutáis en mal tono con el médico: plantead vuestras dudas; si no os gusta el tono en el que os habla, decídselo educadamente. Si pensáis que, a pesar de vuestra llamada de atención educada, os ha atendido mal, no iniciéis un estéril enfrentamiento verbal: poned una reclamación.

6.- No os molestéis cuando os informe de cómo se deben usar los servicios: que tal o cual cosa no es una urgencia, que para tal cosa hay que coger tal o cual tipo de cita, que os pida la tarjeta sanitaria. Ya nos gustaría a los médicos que las autoridades sanitarias os explicasen en que consiste el uso adecuado de los servicios, pero a falta de pan, conformaros con tortas, y para muestra, este botón.

¿A que os gustaría llegar al centro y encontraros la sala como la segunda foto y no como la primera?

Manual del perfecto usuario de la Sanidad Pública. El aviso urgente.

Esta será la primera de una serie de entradas que espero os sean de utilidad para desenvolveros como pez en el agua en este proceloso mar de los sistemas sanitarios públicos, plagado de demagogia, derechos evanescentes y humo, sobre todo mucho humo.

Es difícil comenzar y para ello nada mejor que verse a uno mismo de enfermo o ver que tus familiares enferman y necesitan de la sanidad pública. ¿Que es lo que hago yo y que es lo que creo que deberíais hacer vosotros?

En primer lugar debo discernir si lo que tengo es motivo de urgencia o no. Pero… ¿Qué sé yo lo que es urgente? Si de niños se trata, que es mi campo, tal vez esto os ayude. No, no me lo he inventado yo. Está sacado de una Guia del Gobierno de Aragón que se llama «cuídame«. Si sois adultos,creo que con un poco de sentido común bastará para discernir entre ambas situaciones.

Bien, supongamos que lo que tenemos es una urgencia y el paciente por sus circunstancias no debe o no puede ser movilizado (esto es absolutamente excepcional). Tendremos que llamar y requerir la presencia inmediata de los servicios médicos. Conocer como funcionan estos servicios creo que no nos irá mal. La situación es de lo más variopinta, pues va desde lugares en los que se cuenta con UVIs móviles (su cobertura no es universal) a lugares en los que nos atenderá un médico y un enfermero del DCCU (el decu) o Dispositivo de Cuidados Criticos y Urgencias o un médico que tiene que interrumpir su consulta y coger su coche y que llega sin enfermero siquiera. ¿De qué depende quien viene? Pues básicamente depende de la información que damos al llamar por teléfono a la central de emergencias (061 o 112). La actitud de algunos usuarios deja bastante que desear, pues no informan correctamente de una serie de signos básicos en el paciente (respira con dificultad, está inconsciente, tiene convulsiones, sangra abundantemente…) que se requieren para movilizar al equipo idóneo. Imaginaros un accidente en carretera:

1.- Primero asegurar la zona mediante la colocación de luces de avería y triángulos para evitar un segundo accidente. En casa tal vez tengamos que hacer alguna maniobra de reanimación cardiopulmonar básica, cosa que os aconsejo aprendáis a hacer.

2.- Llamar pidiendo ayuda, pero para esto debéis poder dar algunos datos: identificaros, dad vuestro número de movil por si la comunicación se corta, localización (carretera, kilómetro aproximado en el que ha ocurrido, entre qué localidades ha ocurrido, sentido de la circulación en el que se encuentra el accidente si de una autovía se trata, número de coches implicados, número aproximado de heridos). Es bastante frecuente que los servicios de urgencia salgan a la «búsqueda» de accidentes y lleguen tarde porque no se ha indicado correctamente la localización. Esto es aplicable a la dirección de una casa (la calle cambió de nombre, la casa cambió de número…). Siempre hay que dar todas las indicaciones posibles para que el equipo pierda el menor tiempo posible en llegar y se movilice al equipo más próximo.

3.- En ocasiones hay que hacer una segunda llamada, tras comprobar el estado de los accidentados y su número exacto, pues podría ser necesario movilizar algunos recursos más o desmovilizarlos a fin de tenerlos disponibles para otras urgencias. En ocasiones llegan 3 ambulancias para atender una salida de la vía en la que el conductor únicamente ha sufrido una contusión, o una sola ambulancia para atender a una familia completa. En el caso del aviso domiciliario, no os molestéis por las preguntas que el operador os realiza a fin de intentar valorar la severidad del cuadro por el que se avisa. Es tristemente frecuente recibir respuestas como «que venga el médico ya!» (cuando el médico ya va hacia allí) cuando se pregunta sobre la respiración, si tiene mareo, esta inconsciente, tiene convulsiones… Tranquis! preguntar no es ofender. Se trata de optimizar y de prestar siempre la mejor atención posible. Y sobre todo se trata de «priorizar». Y esto es así, porque los servicios de urgencia no suelen estar aburridos precisamente, sino que es fácil que se les acumulen varios avisos y hay que discernir a cual hay que acudir primero y personalmente acudiría antes a un aviso en el que me informan de que se trata de una persona de 45 años que se quejaba de dolor en el pecho y estaba mareado, que ha perdido el conocimiento (eso me figuro lo que es), que al aviso de alguien que sólo me dice «que venga ya!» que no se si será un infarto, una fiebre de 39º o un cólico nefrítico (que duele un huevo -que me lo digan a mí- pero no es mortal). No creo que se tarde tanto en decir: «Hola, le llamo desde el número tal de  la calle tal del pueblo tal. He encontrado a mi marido de 45 años inconsciente. Hace un momento se estaba quejando del pecho y decía que estaba mareado. Por favor no tarden e indíquenme si puedo hacer algo mientras llegan» Este tipo de informaciones desencadena una puesta en marcha inmediata, que puede conllevar que nos quedemos a medio recetar la pomada para la picadura, porque eso, sí que puede esperar. Si embargo vaguedades como «mi padre está muy malo», pueden acabar en un aviso para ver a un anciano encamado que tiene una lipotimia al levantarse, a una simple gripe o a un «vaya ustéd a saber qué».

No quiero acabar esta primera entrada sin recordaros que los recursos son muy limitados y que, avisar para que venga al médico para que nos vea una picadura del mosquito tigre a las 2 de la mañana a «Caraduras de arriba», porque nos da pereza vestirnos y coger el coche (si es que eso es urgente que lo vea un médico),  puede ser la diferencia entre que vuestro hijo sobreviva o no al atropello que acaba de sufrir tras salir de la discoteca de «minganillos de abajo» que está a 20 Km por una carretera infernal. No se trata de asustar con el «coco». Se trata de haceros partícipes del uso responsable de los recursos y de las consecuencias nefastas que en ocasiones acarrea su mal uso. Por supuesto, si no fuísteis vosotros quienes avisásteis al médico a las 2 de la mañana cargaréis contra él indignados por la tardanza en atender a vuestro hijo, cuando tal vez deberías cargar indignados contra vuestro vecino que se «jacta» de que el médico está allí todos los días cada vez que a él le da la gana, para mirarle sus ronchitas, para curarle sus mocos o para recetarle un nolotil porque le duele una muela.

Si por algo se caracteriza el sistema sanitario público es porque a la vez somos jefes, usuarios y sufridores, así que tenemos responsabilidad sobre el uso que hacemos nosotros mismos, sobre el que hace nuestra familia y sobre el que hace el vecino.

Por supuesto, si alguna vez os sentís mal atendidos por un operador o por un profesional sanitario, no entréis en estériles discusiones en caliente con ellos. Así no se arregla nada. Mucho mejor una hoja de reclamaciones al canto, pidiendo explicaciones.

Y os adelanto que si no me aburro antes, la próxima entrada será: la cita en el centro de salud. Dejaremos para más adelante la visita a urgencias, la visita a las consultas externas, la intervención quirúrgica o el ingreso en planta. Si se me olvida colgadme un comentario recordándomelo.

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