Manual del perfecto usuario de la Sanidad Pública IV: «Mándeme usted al especialista»

Ya estamos de vuelta con una nueva entrega. Esta va de «especialistas». Existen diversos conceptos de especialistas o expertos:

1.- Dícese de la persona que sustituye a un actor titular y que se cae como nadie sin hacerse daño casi nunca, aunque no es raro que en sus caidas pueda hacerle la puñeta a otros.

2.- A mi me gusta esta del científico danés Niels Bohr: «Un experto es un hombre que ha cometido todos los errores posibles en un campo muy pequeño»

3.- Esta del humorista norteamericano Danny Kaye: «Un especialista es una persona que cada vez sabe más sobre menos, hasta que termina sabiéndolo todo sobre nada… y nada sobre todo».

Pero supongo, que no son estas definiciones las que esperábais. Para vuestra información, en España, todos los médicos que acabaron la carrera después del año 95 tienen que especializarse para poder ejercer (las malas lenguas afirma que partiendo de una etiqueta de anís del mono, con tener un ordenador, escaner, impresora laser color y photoshop también vale). La vía ordinaria para obtener esos títulos es el examen MIR. Tras él, el que lo apruebe (o al que se lo regalen mediante un cupo) se pasa como mínimo 4 años especializándote (trabajando como un negro con un contrato en formación por el que te pagan un sueldo de m… -aún más mierdoso que el que nos pagan a los ya especialistas- y se hinchan de hacer guardias por menos dinero del que cobra cualquier obrero (fontanero, electricista, albañil, pintor…). Al final, expiden el título de especialista.

Así que, me perdonaréis si os trato como «melones sin calar», TODOS somos especialistas. Un médico de familia (de esos a los que ninguneáis en el centro de salud) tiene hoy día el mismo periodo de formación que un pediatra, que un internista, que un oftalmólogo, que un otorrino o que un dermatólogo, y cuenta con la inestimable ventaja de «conoceros» de toda la vida (si no ha emigrado ya a Portugal o Inglaterra -unos 20000-).

También es oportuno aclarar que el pediatra del centro de salud tiene exactamente la misma especialidad que el pediatra del hospital. Varía el edificio en el que trabaja, pero no su capacidad, aptitudes o inteligencia. También creo que debéis saber que en pediatría la única especialidad reconocida hasta la actulidad, es la de cirugía pediátrica (estos tardan 5 años en formarse) y que no existen las especialidades de «alergología pediátrica», «neumología pediátrica», «endocrinología pediátrica», en el listado de especialidades posibles de obtener en el estado español y que por tanto cuando váis a uno de estos especialistas, no son más que pediatras a los que un buen (o mal) día les dijeron: «a partir de hoy vas a pasar la consulta de neumolgía pediátrica». ¿Habéis visto Matrix? Al protagonistan le insertan en el cerebro, mediante un programa informático, todos los conocimientos que precisa. Pues bien, eso es sólo una película, y en la realidad, porque a alguien le digan que pase una consulta, no le insertan todos los conocimientos de esa supuesta especialidad.

Pero volvamos al título: «mándeme usted (o mándame como si le hubiésemos invitado a nuestra boda) al especialista«.

¡Pobres ignorantes del sistema! Como si esa fuese la solución a todos los males. Pero bueno, para eso es este blog, para intentar paliar esa ignorancia.

De modo que llegamos al ESPECIALISTA en Medicina Familiar y Comunitaria o al ESPECIALISTA en Pediatría y les pedimos que nos mande a OTRO especialista. Pues nada, «bonito viaje lleve», o como diría el refranero español «a enemigo que huye, puente de plata».

El médico de atención primaria sabe cuándo debe enviar a un especialista y no necesita que nadie se lo recuerde, aunque sí es aceptable que se nos manifiesten las preocupaciones, e incluso la inquietud sobre la posibilidad de que se os remita a OTRO especialista, todo desde la confianza y el respeto mutuo que debe reinar en la relación médico paciente (que no amistad -o por lo menos a mi nadie me regala nada ni por mi cumpleaños, ni por mi santo ni por navidad-). Los casos en que se debe derivar a la mal llamada «atención especializada» son,  cuando el médico de atención primaria ha agotado su capacidad diagnóstica (no puede realizar más pruebas porque no están a su alcance, o requiere la orientación de OTRO especialista) o terapéutica (hay determinados medicamentos que requieren de visado y requieren un informe de OTRO especialista, o bien el médico necesita la orientación del mismo). Pero hay numerosas ocasiones en las que el médico de atención primaria opina que el paciente no necesita de nuevos estudios o tratamientos y por tanto, no necesita de OTRO especialista. Tal vez le moleste un poquito que le preguntéis ¿Por qué cree usted que no necesito OTRO especialista? Pero bueno, nadie debería ofenderse por una sencilla pregunta a cuya respuesta, tenéis derecho.

Pero sigamos. Supongamos que ya nos han enviado a OTRO especialista, porque el ESPECIALISTA de atención primaria lo haya considerado oportuno (para quitarse a un pelma de encima, o porque considera que el paciente necesita de nuevas medidas diagnósticas o terapéuticas que no están a su alcance). Llegado a este punto, e independientemente de la causa por la que nos han enviado, debemos saber varias cosas:

1.- El médico no tiene porqué daros la cita. Si lo hace, sed agradecidos (un jamón por navidad puede estar bien), ya que os ahorrará una nueva espera en el mostrador para pedirla, o la incertidumbre de quedar a la espera de una carta que no sabremos si llegará o no. Quien debe darla es el mostrador y para eso el médico os dará una solicitud que allí entregaréis, en la que no debe constar dato clínico alguno para salvaguardar vuestra intimidad. Pues bien, los modelos para escribir a mano, que se usan en Andalucía, no respetan esto. O mejor dicho, las instrucciones que dan a médicos y administrativos no tienen en cuenta la Ley Orgánica de Protección de Datos, pues el paciente sale con su informe clínico completo y así lo entrega en el mostrador (y si no lo hace, el mostrador lo pedirá). Esto es especialmente hiriente cuando la tramitación no se puede hacer a través del sistema Diraya y vuestro informe para Psiquiatría comienza a pasearse por administrativos y celadores del centro de salud y de la unidad de salud mental, hasta que llega a su destino (el facultativo de la unidad). ¿Os he dicho alguna vez como se pone una reclamación?

2.- En Andalucía (cuesta abajo) imparable y al máximo, existe un decreto, cuya letra pequeña se mantiene en secreto y se salta a la torera, que va sobre el plazo de respuesta. ¿Que no sabéis donde está? Mirad aquí. Ahí podéis acceder a toda la normativa sobre el plazo máximo en que os vea el especialista, para que os hagan una prueba diagnóstica y para que os realicen una intervención quirúrgica. Viene además el procedimiento para solicitar el reembolso de gastos en la asistencia privada cuando no se respetan estos plazos. En términos generales no debe trascurrir más de 2 meses para ver un especialista, que es de lo que hablamos. Así pues, si ahora en verano os dicen que la consulta de tal o cual especialista está cerrada, no dudéis en poner una reclamación en caso de estar dentro del listado de especialidades sujetas a garantía, guardando siempre a buen recaudo la copia del informe de derivación y un resguardo de haberlo entregado en el mostrador del centro. Si os dicen que se tienen que quedar con todas las copias (esto seguro que se debe a una «mala interpretación» de las instrucciones), hacedle una fotocopia y pedid en el mostrador que os las sellen con fecha y firma. Esta será la fecha válida para reclamar el reembolso de gastos. No puedo obviar que existen rumores «totalmente infundados» de que cuando el usuario no se queda con resguardo alguno, se manipulan las fechas de derivación o entrega de la solicitud de derivación, a fin de no superar los dos meses de demora.

3.- ¿Cuando se superan estos dos meses que ocurre? Como Andalucía es muy rica, pero carece de liquidez, antes de derivar a consultas privadas, se insertan pacientes en agendas ya de por sí atestadas, así que sea comprensivo con ese traumatólogo que sólo le ha dedicado 5 minutos, porque, quizá,  no tiene más. Si pone una reclamación por este motivo («me despachó en 7 minutos»), no olvide solicitar una copia del modelo de agendas, en la que podrá comprobar el tiempo del que disponía para hacerlo pasar, saludarlo cortésmente, presentarse, invitarle a tomar asiento, hacerle una historia clínica completa, explorarlo de pies a cabeza, darle todas las explicaciones que le requiriese, incluyendo la valoración de posibles alternativas de diagnóstico, tratamiento y pronóstico, rellenar los formularios de pruebas complementarias, realizarle las recetas pertinentes, entregarle un informe clínico detallado y gestionarle la próxima revisión, además de despedirlo cortésmente (sin empujar), a fin de buscar al verdadero responsable: médico que entre paciente y paciente le gusta sestear, o administración que vende sistemas sanitarios de cartón piedra en lo que todo es fachada (eso sí una fachada aerodinámica que cuando coge velocidad es imparable y va al máximo -hacia la catástrofe-). Otra posibilidad, más frecuente cuando el dinero corría (y se malgastaba), era ampliar las consultas a la tarde. En estos casos, se le paga al médico con un complemento, por lo que no es raro que a algunos médicos (en todos lados cuecen habas) quieran que todo sea primera consulta. Estos médicos suelen ser olvidadizos cuando deben revisar a un paciente y se les olvida darles la cita, un informe en el que diga que precisan de revisión o algún tipo de documento en el que conste este punto. Por el contrario suelen «informar» a los pacientes diciéndoles que deben ir a su médico a por el volante para la revisión, que al no estar al alcance del médico de atención primaria es sustituido por otro de «primera consulta» cuando el médico no tiene ganas de discutir o simplemente de informar.

4.- Una vez en el especialista, no es mala idea preguntarle su nombre y saludarlo. No os molestéis si no os devuelve el saludo ni os invita a sentaros. En ese caso, preguntadle de cuanto tiempo dispone para atenderos y obrad en consecuencia… Si de 5 minutos pierden 30 segundos (10% del tiempo de consulta) en dar los buenos días, estrechar manos, presentarse e invitarles a tomar asiento, además de levantarse hasta la puerta para despedirlos (sin empujar), ya me diréis… No olvidéis tarjeta sanitaria, informes previos, resultados de pruebas, informe de vuestro ESPECIALISTA de atención primaria y los «cartones» de las medicinas que tomáis. No os molestéis si os pregunta cómo os las tomáis, pues muchas personas confunden las instrucciones o no han sido correctamente informados y acaban tragando supositorios, óvulos y colutorios, o echándose la amoxicilina en gotas en los oídos o los ojos. De lo que la gente es capaz con un inhalador para el asma podéis encontrar una antología en el youtube. Os dejo una muestra.

5.- Enteraros bien de todo lo que os tenga que decir y planteadle todas las dudas que tengáis. Hay algunos especialistas que sufren mutismo selectivo: no hablan ante sus pacientes si no es en presencia de su abogado. Aunque es muy infrecuente, no es imposible conocer a un especialista que os mire de pies a cabeza, escriba un informe quijotesco, os haga todas las recetas, os de un volante para la revisión y os diga » esto ya se lo explicará su médico». ¡NO! Que cada palo aguante su vela y una de las velas más difíciles de aguantar es explicar a una persona sin conocimientos médicos una enfermedad, un tratamiento y un pronóstico (lo que va a suceder -se curará en tanto tiempo o se morirá o no tengo ni idea de lo que va a suceder-), así que sin ser «especialista», el médico de atención primaria lo tiene mucho más difícil, amén de que no entra entre sus funciones la «portavocía de las consultas externas».

6.- Saliros con las recetas de todo lo que os haya prescrito. Es su obligación hacer la primera receta y asegurar el suministro futuro, pues el médico de atención primaria no está obligado a estar de acuerdo con lo que recomienda y esto, es muy frecuente cuando al paciente se le deriva por complacer a la familia pero en contra del criterio de su médico EPECIALISTA de atención primaria. Así que si el especialista del hospital no hace las recetas hasta la siguiente revisión y el ESPECIALISTA del centro de salud no está de acuerdo con lo recetado, podéis veros en un serio problema. Por supuesto, lo que el OTRO especialista ha recetado «de marca» (si fuese el caso) será transformado en la primera renovación de recetas por un «principio activo» que esté dentro de los precios de referencia.

7.- Saliros con un informe en el que conste mínimamente, la historia, la exploración, las pruebas complementarias, el diagnóstico (de certeza o de sospecha) y el plan de tratamiento, que debe incluir si es dado de alta o si precisa revisión y en que plazo. Este informe debe tener letra legible y a ser posible de imprenta. Tened en cuenta que algunos especialistas sufren de alergia al teclado de los ordenadores y que en otros casos los ordenadores de la consulta son como los del Merkamueble o los del Ikea (de pega), o bien han sido colocados «de adorno» o para causar la impresión de que Andalucía es «imparable», pero en ningún caso para ser usados. No es coña que en muchas consultas externas hay ordenadores pero, no se les ha dado curso alguno de formación a los especialistas para que los usen, no tienen claves de acceso a los mismos o, simplemente, la aplicación Diraya aún no funciona en ese Hospital (cuando funcione, los ordenadores podrían llevárselos al museo de usos y costumbres). Podéis preguntar (no es ofender) de qué tipo es el ordenador que el especialista no usa.

Por último, estaréis de vuelta del OTRO especialista.

Si ha hecho bien su trabajo y vosotros el vuestro, seguro que no es una urgencia llevarle el informe a vuestro médico, ya que tendréis recetas para comenzar el tratamiento. Podéis pedirle cita y llevarle el informe otro día. Si el especialista no es alérgico al ordenador y usa Diraya, el informe estará disponible para vuestro ESPECIALISTA en atención primaria sin necesidad de que lo llevéis (bien desde su buzón, bien consultando la Historia de Salud Unica). Podéis usar el teléfono para informarlo (si dispone de teléfono y horario de atención telefónica) o el correo electrónico (si lo usa), y ahorraros la pérdida de tiempo que muchas veces supone decirle a vuestro ESPECIALISTA lo que él ya sabe.

También es posible que os haya pedido pruebas y la información necesaria para tramitarlas y recoger los resultados (se os enviarán a casa, se le enviarán a vuestro ESPECIALISTA del centro de salud, los recogeréis en la siguiente revisión). Recordad que para la mayoría de las pruebas el plazo de realización es un mes, aunque luego podéis esperar dos años para enteraros de que la biopsia era positiva, en el TAC aparecía un tumor o que estábais embarazadas  (para recibir los resultados y para las consultas de revisión no existe plazo -que curioso-) y todo queda sujeto al azar o la buena voluntad del radiólogo o del analista, pues no existe un procedimiento estandarizado de informe urgente. Podéis consultar el listado completo en el enlace anterior. Siempre debéis hacerlo antes de poner ninguna reclamación pues es posible que esa prueba por la que reclamáis no esté incluida en el decreto. Por supuesto, si los resultados tardan, yo también cogería el libro de SUGERENCIAS y reclamaciones para sugerir que cambien las cosas. Recordad que los políticos se mueven por las «necesidades sentidas». Si no perciben que tenéis necesidad de saber si estáis embarazadas antes de tener nietos, la cosa seguirá igual. A mí, no ya como pediatra o médico, sino como usuario, me parece alucinante poder ir al médico o urgencias a la hora que me de la gana, que me pida todas las pruebas que a mí me de la gana («paesopago»), pero luego tardar 2, 3, 6, 12 o 24 meses en enterarme del resultado y, por tanto, que me pongan un tratamiento. ¡Pobres paesopagitas*!

*NOTA DEL AUTOR: los paesopagitas son una subespecie del género humano, que puede llegar al 3-5% de la población adulta en nuestro país y que está especialmente interesada en consumir recursos sanitarios sin importarles por qué ni para qué. La mayoría de ellos cobran el paro y, por tanto, no pagan nada en realidad. Tienen mucho tiempo libre para ir al médico. Les encantan los TACs y las resonancias (RNM) sobre todo, pero no le hacen ascos a análisis de sangre y otros fluidos siempre que sean «completitos» (a partir de 4 botes de sangre, 2 de orina y 1 de heces). Soportan con resignación radiografías y ecografías, siempre que se trate de un paso previo a hacerse su TAC o su RNM (la cabra tira al monte). Sienten aversión por otras pruebas que incluyan meter tubos de grueso calibre por orificios corporales (colonoscopia, gastroscopia… -¿acaso eso no se ve mejor con un TAC o una RNM?-). Su meta no es «ponerse bueno», sino que le hagan muchas pruebas aunque nunca lleguen a enterarse de sus resultados ni, mucho menos, del significado de los mismos.

Manual del perfecto usuario de la sanidad pública II. La cita en el centro de salud

Voy a intentar resumir lo básico (podría escribirse un tratado) sobre cuándo, cómo y porqué hay que acudir a un centro sanitario.

Lo primero de todo, deciros que el horario de atención al público en un centro de salud es, generalmente, de 8 a 20 horas, aunque hay centros en nuestra Andalucía que abren sus puertas únicamente de 8 a 15 horas. Esto casi seguro que lo sabéis, pero seguro que no sabéis que del horario de un médico que trabaja en la sanidad pública, sólo el 50% debería ser usado para la atención directa al público. Los médicos, además de atender al público, debemos formarnos todos los días (leer -el periódico en casa-, conectar con compañeros a través de internet, consultar libros, acudir a sesiones de formación continuada, cursos…). También entre nuestras funciones, está la investigación, a la que deberíamos dedicar parte de nuestra jornada. Otra función que tenemos muchos, es la función docente (formamos a otros médicos o a estudiantes de medicina), que también requiere su tiempo. ¿Que decir de la carga burrocrática que soportamos? (he puesto burrocracia con dos eres porque a mí me gusta denominarla así): es una carga pesada e insufrible de interminable papeleo para decirles a los gestores que hoy vimos a 5 o a 50  y que 2 fueron niños sanos y que se hicieron 3 espirometrías y una cirugía menor. Pero no sólo es esto, es el receteo, el rellenar interminables formularios para pedir una analítica o una consulta al especialista. En la era de la informática, la burrocracia es insoportable, pues se podría suprimir de un plumazo con un buen sistema de gestión informático, aunque ya sabéis que bueno, bonito, barato y sin pagar «comisiones» no hay. Así, que cuando a usted le den una cita a las 11, HAGA EL FAVOR DE IR A LAS 11, porque aunque vea la puerta del médico desierta a otras horas, seguro que no se está echando la siesta: puede estar formándose, formando, informando (incluso uniformándose para completar el juego de palabras -esto a primera hora de la mañana-).

Quien, no sólo puede, sino que debe ir sin cita al grito de «abrid paso!»: las urgencias. Y mire ustéd, se lo voy a decir a la cara: no es una urgencia hacer una receta de otro médico, no es una urgencia hacer un volante para un especialista, no es una urgencia una molestia con la que uno lleva varios días… Si queréis saber lo que es una urgencia, clicad aquí. Y sí, nos molesta que vengáis sin cita intentándoos colar por delante de los citados (o por detrás) cuando el motivo de consulta no es urgente. Esto para nosotros los médicos, es inconcebible, habida cuenta que tenéis un teléfono (Salud Responde) que os resuelve dudas sanitarias, que os puede pasar con un médico si vuestra consulta es urgente, que podéis usar internet para buscar información, que podéis llamar por teléfono a la consulta, que podéis enviar un correo electrónico a vuestro médico. Cada vez que lo hacéis, hacéis un mal uso del servicio, con las consecuencias nefastas que eso trae: el mal uso se contagia rápidamente a otros usuarios (los que yo denomino «abusuarios»), el médico no puede formarse, informar, formar y a veces ni uniformar, y eso, aunque vosotros no lo creáis va en perjuicio, a largo plazo, de la calidad con la que se os atiende.

En este punto también os voy a sacar de un gravísimo error: LAS CITAS URGENTES NO EXISTEN! La urgencia verdadera se atiende de inmediato, interrumpiendo la consulta si es necesario. Lo otro, mire usted, es venir SIN CITA, que la administración sanitaria y algunos compañeros nombran eufemísticamente hablando, como citas no demorables.

Tal vez penséis: bueno, pues si nos está diciendo que no vayamos urgente al centro de salud, vayamos a Urgencias: NO! Eso no es lo que yo os digo. Antes de ir a interferir el trabajo de los servicios de urgencia, prefiero que venga a interferir el mío, pero que quede claro que cualquier interrupción no justificada de la consulta va en perjuicio de la calidad del servicio que prestamos.

Sabed también que una demora razonable es que pidáis cita hoy y os la den para mañana (24 horas) y que pretender que todo hay que verlo hoy es irracional y contraproducente para el buen funcionamiento del sistema. Sed previsores cuando os vaya quedando poca medicación en el caso de enfermos crónicos y solicitad la cita para este tipo de cosas con una semana de antelación para cuando os quede medicación para menos de 7 días (6 días lo ideal), es decir, 13 días antes de que se acabe el medicamento, solicitad una cita para la semana siguiente, así podréis elegir mejor el día y la hora a través de Salud Responde o por Intersas. Nunca nos podréis convencer de que es urgente recetarle algo que se le ha terminado hoy, ni que hay que recetarle algo que lo debió recetar el médico de urgencias, que para vuestra información, tiene obligación de expediros todas las recetas de todos los medicamentos que él haya aconsejado. A él no se le acaban las recetas: es que no las solicita. En Urgencias no está prohibido hacer recetas, temen a los abusuarios y pagan justos por pecadores. Cuando os las nieguen: hoja de reclamaciones al canto (esto si es motivo de reclamación y no que tardaron 6 horas en verme porque me picó un mosquito). Los usuarios «buenos» tenéis una enorme responsabilidad que no habéis sabido asumir y dejáis que los «malos» hagan una continua labor de zapa sobre el sistema que acabará por hundirlo. El 99% de las reclamaciones son injustificadas. El 99% de las ocasiones en que sería aconsejable poner una reclamación, no se pone. Así nos va a todos.

Cambiando de tercio, pero siguiendo con el tema, una vez decidido que tenemos que ir al médico, lo suyo es pedir cita: intersas, salud responde, llamando al centro de salud o personándose en él. En ninguno de estos sitios se dan citas de urgencia. Os lo repito: eso, no existe. Cuando el celador o la administrativa os dice: «no hay cita, pero os la doy como urgente», os está diciendo: «No hay cita, vaya usted a la puerta del médico sin cita, que yo ya lo he anotado en una lista especial con lo que él sabe que usted no tiene cita y aténgase a las consecuencias de ir a verlo sin cita: esperará más que los que la tienen, es probable que no le haga esas recetas aunque se tire esperando dos horas y no cuente usted con que le vaya a dar ningún volante para ningún especialista». Las urgencias verdaderas, si pasan por el mostrador (porque no sepan donde está la consulta), entran a grito pelado y JAMAS SE LES PIDE DATO ALGUNO hasta no haber sido adecuadamente atendida y estabilizada.

Antes de ir al médico, conviene ver si lo llevamos todo: tarjeta sanitaria, informe que queremos enseñar, nombre de las medicinas que tomamos (no vaya a ser que el sistema informático esté colgado -cosa infrecuente pero no imposible- y nosotros no sepamos cuales son las pastillitas blancas y redonditas que vienen en una caja de carton blanco con unas rayas amarillas), pequeño informe de la persona que plantea la duda (a veces la duda nos la plantea un profesor y quien nos la traduce es una madre o una abuela a quien a su vez se la ha traducido la madre), sea el profesor, la madre si no acompaña al niño (muy frecuente preguntar a la abuela: ha vomitado, ha tenido fiebre, cuanta fiebre ha tenido, cuantos días lleva enfermo… y que la abuela no tenga ni idea -no somos adivinos y cuantas más pistas se nos faciliten y MAS FIABLES sean las pistas, mucho mejor-). Obviamente podemos prescindir de este informe si al paciente lo acompaña la persona que quiere plantearnos la duda.

En la sala de espera, guardad silencio o hablad en voz baja, aprovechad la espera para leer los carteles que puede haber en la puerta. Ojo avizor con los listos que se os quieran colar porque están «urgentes» (los urgentes nunca están esperando), porque los que tenéis cita indudablemente lleváis más tiempo esperando (contabiliza desde el momento en el que pedísteis cita desde casa y no desde el momento en que llegásteis al centro de salud -¡premio a la puntualidad y al uso responsable de los servicios!-), que el que lleva una hora en la sala de espera con su niño que lleva tres días picándole el culo y ha pasado muy mala noche (en ningún momento se ha planteado desde que comenzó el picor anal solicitar una cita que es lo que hubiese sido aconsejable).

Por último, una vez en la consulta, escuchad con atención, no olvidaros plantear todas las dudas (aunque alguna duda ulterior requiera de una llamada de teléfono o un correo electrónico). No salgáis pensando: no me he enterado de nada. En ocasiones, los médicos, aunque no deberíamos hacerlo, hablamos con un lenguaje difícil de entender aunque para nosotros sea un lenguaje bastante natural. Es malísima idea ir a preguntarle a otro médico lo que se quiso decir en la consulta y esto es muy frecuente cuando de consultas con el especialista se trata: lo van a operar pero no me explicaron bien que le iban a hacer, me han dicho que tiene un nosequé en la barriga y yo no me quedo tranquila… Preguntar no es ofender. Tampoco confundáis preguntar una duda con perseverar en la misma duda una y otra vez (hay dudas que el médico no puede resolver). El médico en ocasiones os da las alternativas para que vosotros decidáis y si hace esto, es porque vosotros sois los que tenéis el deber y la responsabilidad de decidir (y vosotros tendréis que aprender a sobrellevar ese grado de incertidumbre). En ocasiones deberéis pedir posibles alternativas que el médico en un primer momento no os ha planteado: la posibilidad de no usar un antibiótico, la posibilidad de acudir a un especialista (esto puede molestar un poquito, pero con diplomacia, todo es preguntable).

Y algunos consejos generales:

1.- No vayáis de listillos o chistosos: ¿Que le pasa a Pedrito? Yo que sé! a eso vengo!.

2.- No le indiquéis al medico lo que tiene que hacer (nos sienta más o menos igual que si al panadero le dices la levadura que tiene que poner, al albañil el cemento que tiene que añadir o al carpintero como tiene que lijar -básicamente nos pone de un humor de perros-), aunque si podéis plantearle con diplomacia lo que os gustaría que hiciera. Nada de «vengo a que me lo mande al oculista». Mucho mejor «vengo porque creo que ve mal y no se si convendría que lo viese el oculista. Me gustaría que usted me aconsejara».

3.- No intentéis obligar al médico a que haga algo en contra de sus conocimiento: recetar algo que prescribió otro y con lo que no está de acuerdo, derivar a un especialista para que confirme lo que él ya sabe, que haga pruebas de todo tipo, que os aseguro, acarrean en ocasiones más incertidumbre que conocimientos útiles.

4.- No pretendáis que el médico os resuelva lo que vosotros debéis resolver: cambiar una cita con el especialista, reclamar una revisión que no llega, pedir explicaciones sobre lo que ha hecho otro médico.

5.- Jamás discutáis en mal tono con el médico: plantead vuestras dudas; si no os gusta el tono en el que os habla, decídselo educadamente. Si pensáis que, a pesar de vuestra llamada de atención educada, os ha atendido mal, no iniciéis un estéril enfrentamiento verbal: poned una reclamación.

6.- No os molestéis cuando os informe de cómo se deben usar los servicios: que tal o cual cosa no es una urgencia, que para tal cosa hay que coger tal o cual tipo de cita, que os pida la tarjeta sanitaria. Ya nos gustaría a los médicos que las autoridades sanitarias os explicasen en que consiste el uso adecuado de los servicios, pero a falta de pan, conformaros con tortas, y para muestra, este botón.

¿A que os gustaría llegar al centro y encontraros la sala como la segunda foto y no como la primera?

Manual del perfecto usuario de la Sanidad Pública. El aviso urgente.

Esta será la primera de una serie de entradas que espero os sean de utilidad para desenvolveros como pez en el agua en este proceloso mar de los sistemas sanitarios públicos, plagado de demagogia, derechos evanescentes y humo, sobre todo mucho humo.

Es difícil comenzar y para ello nada mejor que verse a uno mismo de enfermo o ver que tus familiares enferman y necesitan de la sanidad pública. ¿Que es lo que hago yo y que es lo que creo que deberíais hacer vosotros?

En primer lugar debo discernir si lo que tengo es motivo de urgencia o no. Pero… ¿Qué sé yo lo que es urgente? Si de niños se trata, que es mi campo, tal vez esto os ayude. No, no me lo he inventado yo. Está sacado de una Guia del Gobierno de Aragón que se llama «cuídame«. Si sois adultos,creo que con un poco de sentido común bastará para discernir entre ambas situaciones.

Bien, supongamos que lo que tenemos es una urgencia y el paciente por sus circunstancias no debe o no puede ser movilizado (esto es absolutamente excepcional). Tendremos que llamar y requerir la presencia inmediata de los servicios médicos. Conocer como funcionan estos servicios creo que no nos irá mal. La situación es de lo más variopinta, pues va desde lugares en los que se cuenta con UVIs móviles (su cobertura no es universal) a lugares en los que nos atenderá un médico y un enfermero del DCCU (el decu) o Dispositivo de Cuidados Criticos y Urgencias o un médico que tiene que interrumpir su consulta y coger su coche y que llega sin enfermero siquiera. ¿De qué depende quien viene? Pues básicamente depende de la información que damos al llamar por teléfono a la central de emergencias (061 o 112). La actitud de algunos usuarios deja bastante que desear, pues no informan correctamente de una serie de signos básicos en el paciente (respira con dificultad, está inconsciente, tiene convulsiones, sangra abundantemente…) que se requieren para movilizar al equipo idóneo. Imaginaros un accidente en carretera:

1.- Primero asegurar la zona mediante la colocación de luces de avería y triángulos para evitar un segundo accidente. En casa tal vez tengamos que hacer alguna maniobra de reanimación cardiopulmonar básica, cosa que os aconsejo aprendáis a hacer.

2.- Llamar pidiendo ayuda, pero para esto debéis poder dar algunos datos: identificaros, dad vuestro número de movil por si la comunicación se corta, localización (carretera, kilómetro aproximado en el que ha ocurrido, entre qué localidades ha ocurrido, sentido de la circulación en el que se encuentra el accidente si de una autovía se trata, número de coches implicados, número aproximado de heridos). Es bastante frecuente que los servicios de urgencia salgan a la «búsqueda» de accidentes y lleguen tarde porque no se ha indicado correctamente la localización. Esto es aplicable a la dirección de una casa (la calle cambió de nombre, la casa cambió de número…). Siempre hay que dar todas las indicaciones posibles para que el equipo pierda el menor tiempo posible en llegar y se movilice al equipo más próximo.

3.- En ocasiones hay que hacer una segunda llamada, tras comprobar el estado de los accidentados y su número exacto, pues podría ser necesario movilizar algunos recursos más o desmovilizarlos a fin de tenerlos disponibles para otras urgencias. En ocasiones llegan 3 ambulancias para atender una salida de la vía en la que el conductor únicamente ha sufrido una contusión, o una sola ambulancia para atender a una familia completa. En el caso del aviso domiciliario, no os molestéis por las preguntas que el operador os realiza a fin de intentar valorar la severidad del cuadro por el que se avisa. Es tristemente frecuente recibir respuestas como «que venga el médico ya!» (cuando el médico ya va hacia allí) cuando se pregunta sobre la respiración, si tiene mareo, esta inconsciente, tiene convulsiones… Tranquis! preguntar no es ofender. Se trata de optimizar y de prestar siempre la mejor atención posible. Y sobre todo se trata de «priorizar». Y esto es así, porque los servicios de urgencia no suelen estar aburridos precisamente, sino que es fácil que se les acumulen varios avisos y hay que discernir a cual hay que acudir primero y personalmente acudiría antes a un aviso en el que me informan de que se trata de una persona de 45 años que se quejaba de dolor en el pecho y estaba mareado, que ha perdido el conocimiento (eso me figuro lo que es), que al aviso de alguien que sólo me dice «que venga ya!» que no se si será un infarto, una fiebre de 39º o un cólico nefrítico (que duele un huevo -que me lo digan a mí- pero no es mortal). No creo que se tarde tanto en decir: «Hola, le llamo desde el número tal de  la calle tal del pueblo tal. He encontrado a mi marido de 45 años inconsciente. Hace un momento se estaba quejando del pecho y decía que estaba mareado. Por favor no tarden e indíquenme si puedo hacer algo mientras llegan» Este tipo de informaciones desencadena una puesta en marcha inmediata, que puede conllevar que nos quedemos a medio recetar la pomada para la picadura, porque eso, sí que puede esperar. Si embargo vaguedades como «mi padre está muy malo», pueden acabar en un aviso para ver a un anciano encamado que tiene una lipotimia al levantarse, a una simple gripe o a un «vaya ustéd a saber qué».

No quiero acabar esta primera entrada sin recordaros que los recursos son muy limitados y que, avisar para que venga al médico para que nos vea una picadura del mosquito tigre a las 2 de la mañana a «Caraduras de arriba», porque nos da pereza vestirnos y coger el coche (si es que eso es urgente que lo vea un médico),  puede ser la diferencia entre que vuestro hijo sobreviva o no al atropello que acaba de sufrir tras salir de la discoteca de «minganillos de abajo» que está a 20 Km por una carretera infernal. No se trata de asustar con el «coco». Se trata de haceros partícipes del uso responsable de los recursos y de las consecuencias nefastas que en ocasiones acarrea su mal uso. Por supuesto, si no fuísteis vosotros quienes avisásteis al médico a las 2 de la mañana cargaréis contra él indignados por la tardanza en atender a vuestro hijo, cuando tal vez deberías cargar indignados contra vuestro vecino que se «jacta» de que el médico está allí todos los días cada vez que a él le da la gana, para mirarle sus ronchitas, para curarle sus mocos o para recetarle un nolotil porque le duele una muela.

Si por algo se caracteriza el sistema sanitario público es porque a la vez somos jefes, usuarios y sufridores, así que tenemos responsabilidad sobre el uso que hacemos nosotros mismos, sobre el que hace nuestra familia y sobre el que hace el vecino.

Por supuesto, si alguna vez os sentís mal atendidos por un operador o por un profesional sanitario, no entréis en estériles discusiones en caliente con ellos. Así no se arregla nada. Mucho mejor una hoja de reclamaciones al canto, pidiendo explicaciones.

Y os adelanto que si no me aburro antes, la próxima entrada será: la cita en el centro de salud. Dejaremos para más adelante la visita a urgencias, la visita a las consultas externas, la intervención quirúrgica o el ingreso en planta. Si se me olvida colgadme un comentario recordándomelo.

Proteste ya!

La situación actual de la atención primaria en nuestro país, se encuentra en franco deterioro por un problema que nunca antes se había dado: la desproporción entre los servicios ofertados a la población y el número de profesionales que deben llevar a cabo esos servicios. Por ello, es cada vez más frecuente que al acudir a nuestro centro de salud, encontremos que nuestros hijas e hijos no pueden ser atendidos de forma adecuada por su pediatra.

En ocasiones, porque la plaza se encuentra desierta, porque el titular renunció para dedicarse a la medicina privada, se trasladó a otro centro más cercano a su domicilio o con mejores condiciones laborales, emigró a otra comunidad autónoma, o lo que es cada vez más frecuente, a otro país, donde las retribuciones duplican y a veces triplican las que se perciben en nuestro país. Pero en otras ocasiones, sencillamente se encuentra de permiso por vacaciones reglamentarias, actividades de formación o investigación, sin que otro pediatra lo sustituya.

Es también una realidad cada vez más frecuente en nuestro país, que los médicos que atienden las consultas de pediatría, son médicos que no están en posesión del título de Pediatría, circunstancia que suele ser ocultada a los padres por los gestores sanitarios, y esto, no sólo sucede en periodos vacacionales o por sustitución, sino que es cada vez más frecuente debido a la falta de Pediatras por los motivos que más arriba han sido señalados. A tal efecto, es posible consultar on-line a través de la Organización Médica Colegial la especialidad del médico que atiende a nuestros hijos.

Pero, ¿que podemos hacer como padres ante una situación que creemos es irregular? Conocido por todos es el dicho de “quien calla, otorga”, y especialmente, es conocido y usado por políticos y gestores sanitarios. La ausencia de protestas es interpretado como señal inequívoca de “plena satisfacción” con el servicio prestado y así nos lo dicen en sus memorias oficiales y en sus intervenciones públicas.

En nuestro país es habitual vivir en la denominada “falacia de control por defecto”: las cosas ocurren sin que se pueda hacer nada por evitarlo. “¿Para que protestar si no va a servir de nada?” Sin embargo, como su propio nombre indica, esto está muy lejos de la realidad.

Podemos, y es nuestra obligación no sólo como padres, sino como ciudadanos, protestar cuando nuestras niñas y niños no reciben la atención a la que tienen derecho. Y muchas son las posibilidades de protestar dentro de cauces legales y guardando las formas. No suele ser una buena opción protestar al profesional que se encuentra saturado por la situación, pues seguramente esté de acuerdo con la protesta, siempre siguiendo los cauces oportunos.

Como primera opción, tenemos la protesta verbal, que podemos dirigir al director del centro sanitario donde la atención sea inadecuada, tanto si se trata de un centro de salud, como si se trata de un hospital. Este tipo de protesta permite la respuesta inmediata a la queja y posiblemente la solución “sobre la marcha”, cuando de un asunto menor se trata, por ejemplo, el extravío de una receta visada.

Sin embargo, las hojas de sugerencias y reclamaciones son la forma más fácil de “dejar constancia” de estas protestas, cuando consideremos que el hecho no puede ser resuelto de forma inmediata, por ejemplo, la escasez de profesionales. Dichas hojas deben estar disponibles en todos los centros sanitarios, pero también las podemos rellenar en otros centros públicos: ayuntamientos, OMIC (Oficinas Municipales de Información al Consumidor) en los ayuntamientos que dispongan de ellas, o incluso vía web en algunas comunidades autónomas. En este último caso podemos imprimir la reclamación realizada en casa y presentarla en el organismo competente, sea directamente o a través de correos. Pero también podemos presentarla directamente vía telemática si disponemos de certificado de usuario. Podemos acceder de forma sencilla usando cualquier buscador en internet a muchos de estos portales de reclamaciones de la administración pública.

Hay que saber respecto al lugar de presentación de la reclamación, que estas suelen tener una mayor repercusión, en contra de lo que se pudiera pensar, cuando se presenta en un lugar distinto al centro sobre el que se formula la reclamación. Esto es así, porque el circuito que sigue la reclamación es distinto. Pensemos, que si reclamamos por la ausencia de un profesional en un centro sanitario, en el propio centro, el director del mismo ya puede redactar una respuesta y la reclamación se da por resuelta aunque se envíen copias a instancias superiores, pues llega la copia de la reclamación y de la respuesta, zanjando el asunto. Sin embargo, cuando formulamos una reclamación vía web, llega directamente a la instancia superior, que ira solicitando informes de arriba hacia abajo, debiendo finalmente el director del centro emitir un informe. La respuesta llevará posteriormente el camino inverso a fin de que pueda darse finalmente por contestada. Lo mismo ocurre cuando la reclamación se formula en un organismo distinto. Si lo hacemos a través de una OMIC, la reclamación se derivará a la consejería que tenga competencias sobre el asunto reclamado, y desde allí ira descendiendo hasta llegar al director del centro. En este camino, serán muchos las instancias en las que quede constancia de la reclamación.

Otra forma de hacernos oír, puede ser a través de las organizaciones de consumidores y usuarios, que pueden hacer que nuestra voz se escuche de forma más alta y clara. Una curiosidad al respecto, es que la mayoría de reclamaciones que recogen estas asociaciones suelen ser por vivienda y telecomunicaciones, lo que da que pensar que estamos muy contentos con nuestro sistema sanitario, o bien que la salud no es una prioridad. Tal vez la explicación a este hecho esté en la citada “falacia de control por defecto”

Existe igualmente la posibilidad de dirigir escritos a defensores del paciente en los lugares en que esta figura exista, así como al propio defensor del pueblo de nuestra comunidad autónoma o del estado, ya que lo está afectado es un derecho fundamental contemplado en la constitución, como es el derecho a la protección de la salud.

Tan importante como saber donde formular nuestra protesta, es saber redactarla. La mayoría de reclamaciones se formulan por falta de atención, cuando la realidad es que se recibe atención, aunque ésta no sea la esperada. Una buena forma de comenzar una reclamación es citar el artículo 43 de la Constitución, así como las leyes reguladoras del derecho a la prestación que creamos, no ha sido adecuada. Hay que detallar lo ocurrido de la forma más clara posible. Decir “nunca hay cita”, “nunca cogen el teléfono” o “no me atendieron”, son reclamaciones usuales y muy poco concretas que a veces se responden de forma genérica diciendo que debe aportar mayor información a fin de investigar lo sucedido, lo que puede resultar una respuesta frustrante que nos haga desistir de nuestra queja.

En resumidas cuentas, mi consejo es, que proteste cuando vea vulnerados sus derechos, y a ser posible, vía web. Tener un Certificado de Usuario o el DNI electrónico le facilitará la tarea.

Direcciones de interés:

http://www.cgcom.org/consulta/colegiados

http://www.ocu.org/

http://www.cert.fnmt.es/

https://www.gobiernodecanarias.org/sugrec/solicitud.asp

http://www.juntadeandalucia.es/justiciayadministracionpublica/lsr/inicio.jsp

http://www.gobcantabria.es/portal/page?_pageid=100,1886564&_dad=interportal&_schema=INTERPORTAL

http://www-1.munimadrid.es/SyrWeb/syrGeneral.form

http://www.jccm.es/administracion/sugerencias.php

No quisiera terminar sin comentaros, que el mismo procedimiento para formular una queja es el que se sigue para realizar una sugerencia o agradecer públicamente un trabajo bien hecho. Siempre es reconfortante recibir por esta vía no sólo reclamaciones, sino sugerencias de mejora o simplemente un agadecimiento.

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