Suerte y Ánimos.

Ayer escribía, bastante disgustado, una entrada en mi muro de Facebook.

Me ha sorprendido ver el gran número de personas que han leído y compartido la entrada. Me han llamado incluso desde una emisora radio (SER Andalucía Centro) para entrevistarme esta tarde.

He visto que, algunas personas, además de decir que le gustaba la publicación y compartirla, me han deseado suerte y me han dado ánimos. Supongo que porque piensan que necesito suerte o ánimos. Esto, realmente, me ha preocupado de un modo considerable. Me temo que quienes me dan ánimos y me desean suerte no han sabido interpretar ni mis motivaciones ni el sentido de la publicación. Intentaré explicarlo con mayor claridad, usando la extensión que permite este blog.

Yo no necesito ánimos para nada, aunque los agradezco, porque ya he hecho lo que me correspondía hacer y no he necesitado que nadie me anime a hacerlo. Mi situación es privilegiada. Trabajo en un pueblo magnífico que es donde me gustaría jubilarme. La población es encantadora, respetuosa incluso cuando no están de acuerdo conmigo o cuándo he cometido algún error o simplemente tengo un mal día. Las autoridades locales actuales han apoyado desde el primer momento a los profesionales del centro y han aportado todo lo que ha estado en sus manos. Me constan que han hablado numerosas veces con los responsables del área y la delegada provincial de salud para poner en conocimiento las necesidades de la población. Tampoco puedo decir que el actual presidente de la Junta, el Consejero de Salud o el Gerente del SAS lo estén haciendo mal o sus planteamientos resulten erróneos. De hecho, han dictado normas que facilitan el que se amplíe el horario de atención usando a los profesionales que voluntariamente quieran aumentar su jornada laboral. Y no les han faltado voluntarios. También han dictado instrucciones para que a los niños se les asigne una enfermera, no para que vea a solas a los niños sanos, sino para que se habiliten consultas compartidas con pediatra y enfermera. En definitiva, no puedo decir que los responsables políticos de la planificación sanitaria lo hayan hecho mal.

Tampoco necesito suerte. Mis hijos ya no están en edad de necesitar pediatra y aún no tengo nietos que lo necesiten. Mi situación es tal, que mañana podría no ir a trabajar y si me abriesen un expediente, pasado mañana estaría trabajando en la privada, incluso con mejor sueldo y mayor reconocimiento de la empresa. Por otra parte, si me tocan las narices, puedo pedir un traslado a cualquier otro punto de Andalucía o cualquier comunidad autónoma. Con mi currículum no voy a tener grandes problemas. Si sigo aquí es porque nací aquí y siento apego por la tierra y por las gentes de la comarca. Pero estoy seguro de que sería tan bien recibido en Alameda, Fuente Piedra, Puente Genil… como en su día lo fui en Estepa o después en La Roda. Tampoco es que tenga que irme a otro planeta. Dormiría en mi casa. Ya lo hice antes y lo volveré a hacer si no tengo otra opción.

No, no soy yo quien necesita ánimos o suerte. Yo, afortunadamente, tengo mi vida resuelta y mis hijos tienen prácticamente labrado su futuro. Para mí es más cómodo llegar a casa a las 3:20 y almorzar y descansar leyendo un libro, escuchando música o viendo una serie, hasta que comienzo a meditar a una profundidad tal, que se me oye roncar. Pero el reconcomo me hace mirar el messenger, el wasap o el correo electrónico de vez en cuando para contestar dudas o resolver problemas de personas a las que a veces no he visto en mi vida. Simplemente les pasaron mi teléfono y yo, siempre que puedo y no estoy meditando profundamente o absorto en la lectura de lo último que se ha escrito sobre la COVID o sus vacunas, o llevado por la metafísica, les contesto. Me da igual si son de Marinaleda, Matarredonda, El Rubio o Sierra de Yeguas. Sea lunes, martes, sábado, domingo, Navidad o Viernes Santo. Porque disfruto ayudando a quien me necesita.

Sois las familias (madres, padres, tíos, tías, abuelos y abuelas) las que necesitáis ánimos y suerte. Porque sois vosotras las que tenéis el problema y no yo. Son vuestros hijos, sobrinos, nietos, los que no reciben una atención similar a la que reciben los niños en Málaga, en Granada, en Sevilla, en Córdoba… Es a vuestros hijos a los que se les niega el poder ser atendidas aunque sólo sea un par de tarde en la semana por un pediatra.

Necesitáis ánimos para hacer algo. No sé qué. No soy quién para deciros qué podéis o debéis hacer. Cada cual puede hacer lo que mejor se acomode a sus posibilidades y capacidades. ¿Nada? ¿Retuitear? ¿Compartir en un muro de Facebook? ¿Una recogida de firmas en Change.org? ¿Pedir una entrevista con la Dirección de la UGC? ¿Escribirle a vuestros representantes políticos? ¿Poner hojas de reclamaciones cuando no os atiende un pediatra? ¿Manifestaros ante la sede del Área Sanitaria? Pero lo que quiera que decidáis hacer cada uno por su cuenta o todos de acuerdo, no lo hagáis por mí; hacedlo por los pequeños de la casa.

También, sin lugar a duda, necesitaréis suerte. A veces es lo que se necesita para que te escuche la persona apropiada en el momento apropiado. Muchos responsables es cierto que están abrumados por la situación actual y no dan abasto. Pero quizá deberían buscar hueco para atender a los que vamos a ofrecer soluciones y a prestar ayuda. No os extrañe, porque abundan, los que no solo no quieren oír problemas; algunos van más allá y no quieren oír soluciones. Para ellos atender a una persona que plantea una solución es equivalente a reconocer que existe un problema y jamás reconocerán que existen problemas. Es normal no querer escuchar al que sólo viene a quejarse, porque es agotador y estéril. Pero no escuchar al que viene con soluciones es soberbia, prepotencia o puede que sólo sea ineptitud.

Así que lo dicho, no me deis ánimos ni me deseéis suerte. Eso sería equivalente a pensar que el problema lo tengo yo. Con mi entrada no he venido a quejarme de mi problema, sino a avisaros del problema que aqueja a los pequeños de vuestra familia, del que no os acordáis hasta que Santa Bárbara truena. Y si hago esto, es para que podáis tomar consciencia de su verdadera dimensión y os decidáis a hacer algo para resolverlo. Para ello, de todo corazón, os deseo mucho ánimo y mucha suerte. Y si necesitáis algo de mí y está en mi mano ayudaros, aquí estaré.

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