Vacuna de COVID-19

Aunque estoy de vacaciones, he visto un comentario en una de las entradas del blog titulada pastillas las justas, en el que se me plantean dudas razonables sobre si vacunas las justas.

La respuesta es obvia: Si, vacunas las justas.

Pero la respuesta obvia no da una orientación obvia, porque de según como se mire, todo depende.

Supongamos que en tu casa hay un gran incendio y estás atrapado. ¿Intentarías huir a pesar de las quemaduras a través de las llamas? ¿Si hubiese opción de saltar desde la azotea aunque supieras que vas a sufrir alguna fractura lo harías? Y si el incendio te coge fuera de casa ¿Por quien o que cosa estarías dispuesto a entrar y sufrir quemaduras importantes, e incluso correr el riesgo de morir?

  • Salvar a la mascota
  • Salvar la Thermomil (en realidad más de 1200 €)
  • Salvar a un hijo
  • Salvar a una pareja
  • Salvar a un padre
  • Salvar a un hermano

¿Y si se trata de la casa del vecino que te llama por teléfono? ¿Entrarías?

  • A salvar una mascota
  • A salvarle la Thermomil
  • Salvar a su hijo
  • Salvar a su pareja
  • Salvar a su padre.
  • Salvar a su hermano
  • Salvar al vecino (supón, si no es mucho suponer, que te llevas razonablemente bien)

¿Y si eres bombero o bombera y da la casualidad de que tienes todo tu equipo?¿Entrarías en tu casa? ¿Que salvarías? ¿Y en la del vecino?

Aunque tengas todo el equipo, el riesgo nunca va a ser cero.

¿A donde quiero ir a parar?

Hay un proverbio Suizo que dice que las palabras son enanos y los ejemplos son gigantes.

Supongamos ahora que no hay un incendio, sino una pandemia. Existe una vacuna que es tu equipo de bombero. Las vacunas no protegen al 100% ni son seguras al 100%. NINGUNA.

Algunas se han probado bastante antes de su uso. Las primeras vacunas de la historia, apenas se probaron en unas cuantas personas. Todo depende de lo peligroso que veamos el incendio y de quien esté en peligro.

Hay personas que se vacunan para proteger a la comunidad de la posible vuelta de enfermedades terribles.

Hay quien se vacunaría para proteger su fuente de ingresos (su Termomil) y seguramente aunque seamos reticentes a vacunarnos, nos gustaría (al menos eso creo yo) que los trabajadores de Mercamona, el Correful, o el frutero de la esquina, se vacunasen.

Hay personas que se vacunan para proteger a sus allegados. Pasan siete pueblos del destino de la humanidad, pero estarían dispuestos a arriesgarse un poco para proteger a sus vecinos.

Hay personas que sólo cuando su hijo tiene una grave enfermedad, están dispuestos a vacunarse DE LO QUE SEA, con tal de disminuir mínimamente la probabilidad de que él enferme. No quieren saber datos acerca de la seguridad de la vacuna o sobre su escasa efectividad.

Hay personas que sólo se vacunarían para protegerse a si mismas.

Está claro que la COVID-19 es una enfermedad que mayoritariamente (aunque no en el 100%) afecta a personas mayores y por tanto, en ese “incendio” hay pocos niños que corran riesgo de quemarse. Las mascotas tampoco parece que vayan a ser afectadas. Hay quien va a perder la Termomil y todo el ajuar en esta situación ruinosa. Si eres joven, probablemente ni tú ni tu cónyuge ni tus hermanos, SI ESTAN SANOS, corran riesgo. Y si tienes “suerte”, lo mismo no tienes ni padres a los que proteger. Y puede que incluso tengas un patrimonio en valores seguros en una cuenta opaca de un paraiso fiscal, y una termomil para ti sea una pertenencia de la que puedes prescindir sin problemas.

Pero resulta que aparece una vacuna (o un equipo de bombero sin estrenar) y tenemos dos opciones: ponérnoslo confiando en que cuando lo compramos nos dijeron que era un nuevo modelo y que está homologado o bien, ponernos a hacer las comprobaciones pertinentes mientras nuestro padre se quema. Cogemos el mechero y lo acercamos a la manga a ver si resiste y cuanto tiempo; nos lo ponemos durante 72 horas por si alguno de los materiales empleados nos causa una dermatitis de contacto, subimos a una altura equivalente a dos pisos y tiramos el casco a ver si aguanta el impacto; cortamos varios troncos con el hacha a ver si aguanta bien el filo y la hoja no baila en el mango; abrimos y cerramos 10 veces la válvula del oxígeno y comprobamos la presión de la botella con un manómetro, no sea que se atasque y muramos asfixiados…

Está claro que si aparece una vacunas para luchar contra las anginas que es una enfermedad que se cura sola, aún sin antibióticos, aunque puede tener complicaciones mortales y de la que todos los años mueren en España cero o ninguna persona, hay que exigir a esa vacuna que sea buena, bonita y barata. De hecho, nadie investiga sobre esa vacuna porque existe la penicilina. Cuando no existía, la causa más frecuente de enfermedad del corazón era la fiebre reumática cuya causa original eran las anginas no tratadas (no existía penicilina). Si en aquellos tiempos se hubiese inventado una vacuna frente al estreptococo beta hemolítico del grupo A, se habría vendido como churros. Si el remdesivir curase como la penicilina, no estaríamos buscando vacuna para la COVID-19.

La COVID-19 se ha llevado por delante a unas decenas de miles de españoles y ha dejado la economía del país tocada, lo que se llevará por delante a mas personas, porque la pobreza y la incultura son las dos principales causas de mortalidad en el mundo.

Podemos esperar un año más y hacer más pruebas con las vacunas. Eso serían otras pocas decenas de miles de muertes, uno o dos millones más de parados, y un pozo del que se tardaría en salir bastante. Y aún así, la vacuna no sería ni eficaz al 100% ni segura al 100%.

Pues vayamos a los datos:

1.- Una enfermedad grave que ha cambiado como ninguna otra la vida que conocemos, alterando nuestro trabajo, alterando nuestro ocio, alterando nuestra convivencia, llevándose a conocidos, amigos o familiares.

2.- Una vacuna en la que se han realizado estudios de seguridad (es una vacuna tan segura como la mayoría de vacunas que se introducen nuevas -SE DESCONOCE POR TANTO SU SEGURIDAD A LARGO PLAZO-) y EFICACIA (se desconoce por tanto su EFECTIVIDAD que solo puede conocerse cuando se administre en la “vida real”)

Y vayamos a las conclusiones.

1.- Piensa en ti y en el riesgo que corres tanto al ponértela, como al dejar de ponértela.

2.- Piensa en tu pareja, hijos, padres, hermanos, allegados, convecinos, para los que aún no es tarde. Porque todos hemos perdido como poco a algún conocido y hemos pasado momentos de angustia esperando el resultado de un test. Este no es un incendio de los de Australia o California. En este todo el planeta arde y no puedes prever cuando saldrá ardiendo tu casa.

3.- Piensa en tu negocio (o en el de tus familiares y allegados) e intenta pensar en el futuro que le aguarda de éxito o penurias.

4.- Piensa que en esta pandemia se han probado muchas cosas que en ocasiones no han funcionado y que en otras ocasiones si, porque cuando uno está desesperado prueba lo que sea. Cloroquina, Remdesivir, plasma de supervivientes, corticoides, rezar… A diferencia de estas cosas, la vacuna si tiene estudios de seguridad y EFICACIA.

Aclaro, porque creo que no se sabe distinguir los términos que una cosa es la EFICACIA (lo que sucede cuando algo se prueba en un entorno experimental controlado: la vacuna se conservó a la temperatura correcta, se administró en el punto exacto, con la aguja correcta, en condiciones de reconstitución perfectas y a un paciente perfecto y VOLUNTARIO) y otra la EFECTIVIDAD (lo que puede suceder en la vida real con pacientes imperfectos, cadenas del frio imperfectas, profesionales imperfectos que pueden cometer errores en la administración, etc). Pues bien, a todos nos gustaría conocer la EFECTIVIDAD DE LA VACUNA, pero esa, es imposible de conocer antes de que se comience a administrar a la población general (como lo es para un medicamento antes de comercializarlo). A veces, y por el conocido como efecto rebaño (la vacuna no solo te protege de enfermar sino de transmitir la enfermedad), la vacuna tiene una EFECTIVIDAD, mayor que la EFICACIA estimada. Esto pasa con muchas vacunas y también esperamos que pase con esta, PERO NO PODEMOS SABERLO ANTES DE USARLA EN LA POBLACION GENERAL. A veces, como ocurre con la vacuna del sarampión o la tuberculosis, se ha llegado a demostrar que no sólo protegen del sarampión o la tuberculosis, sino que son aún más buenas de lo que el mayor de los optimistas podía soñar (es un tema complejo de explicar).

En resumidas cuentas, si tu no perteneces a la población de riesgo que va a ser de los primeros en vacunarse, NO OPINES SIN CONOCER, NI DESANIMES A NADIE. La vacuna comenzará a administrarse en las personas que corren más riesgos no solo porque son los que prioritariamente hay que proteger, sino porque el balance beneficio/riesgo en ellos, es mayor. Ayer tuve la oportunidad de compartir cola con dos señoras entradas en años. Ambas comentaban, entre ellas, que se habían librado por poco pues habían tenido familiares contagiados e incluso comentaron el último fallecimiento del que habían tenido noticias. La conversación entre ellas derivó hacia la vacuna y ambas estuvieron de acuerdo en que los demás podrían hacer lo que les diese la gana, pero que ellas se iban a vacunar en cuanto estuviera disponible. Yo, oculto tras mi mascarilla, asistí a esa conversación, que simplemente demuestra, no la sabiduría de esas dos personas, sino su aplastante sentido común: conocen a personas que se las ha llevado la COVID-19 (muchas) y no saben de nadie a quien se haya llevado la vacuna. Así que la decisión está clara. Será el tiempo quien diga si su decisión es correcta o no, pero hoy por hoy, no cabe duda.

La vacuna, ya se ha comenzado a administrar en el Reino Unido (casi siempre es pionero en la introducción de nuevas vacunas -ya lo fue con la primera de la viruela-), así que es posible que las personas CON BAJO RIESGO, mucho antes de que se les oferte la vacuna (si se les llega a ofertar, lo cual está por ver en función de los datos de seguridad y efectividad que se vayan obteniendo), tengan numerosos datos sobre efectividad. Las personas de ALTO RIESGO, necesitan muchos menos datos para decidirse, tal y como los que ingresan con neumonía o en la UCI, no se paran a pedir datos de efectividad de cloroquina, corticoides, remdesivir ni ninguna otra cosa.

Para acabar: si la autoridad sanitaria te oferta una vacuna, es porque ha hecho un análisis de los riesgos y beneficios que te puede aportar la vacuna. Y si yo fuese anciano y viviese en una residencia, me la pondría sin dudar. Y siendo lo que soy, esperaré a que me llegue el turno intentando no animar a nadie a que se salte la cola.

2 comentarios sobre “Vacuna de COVID-19

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