Manual del perfecto usuario de la Sanidad pública III: Me voy a Urgencias!

¿Está usted seguro de que ésta es la mejor opción? Indudablemente si su médico le ha indicado que cree conveniente acudir allí y le ha dado un volante (P10), tendrá que resignarse y acudir. Pero si no es el caso, me repito ¿Está usted seguro de que ésta es la mejor opción? ¿No puede esperar a que le atienda su médico? ¿Cree que en Urgencias lo van a ver mejor? ¿Cree que allí le van a hacer más pruebas? ¿Cree que de allí saldrá con un diagnóstico y un tratamiento más fiable que el que le puede hacer su médico? ¿Cree que su médico no lo enviaría a urgencias si considerase que es necesario? En lo tocante a pediatría, ya he insistido en otras entradas que es urgente (en lo tocante a niños) y por tanto no me voy a repetir. Si os incluyo un enlace a la revista Famiped en la que viene a decir lo mismo

Supongamos que la decisión está tomada y vamos a ir a urgencias. Recordemos ir provistos de tarjeta sanitaria, informes previos, medicación que tomamos y volante (P10) si es nuestro médico quien nos remite. Y ahora, sepamos a que hemos de enfrentarnos:

Lo primero que hay que tener en cuenta, es que en Urgencias, pocas son las cosas que son atendidas con caracter “urgente”, así que habrá que ir provistos de una buena dosis de paciencia. Antes que nada, salvo que tengamos una urgencia que amenace la vida (una emergencia), tendremos que dar los datos a una administrativa (por mucho que nos duela la muela), así que es mejor hacerlo diligentemente aguardando el turno (no es raro encontrarse con cola). Facilitará mucho la labor de la administrativa si le proporcionamos la tarjeta sanitaria (aunque la tarjeta no es un requisito imprescindible, facilita y acelera las tareas burocráticas), y nos ahorrará lamentables confusiones con el historial de otra persona que se llama igual.

En segundo lugar nos llamarán de triage ¿queeeeeé? . Triage es el nombre que damos a una unidad que prioriza las urgencias y decide a quien hay que atender antes y quien puede esperar un rato (pueden ser horas). Allí os preguntarán que os pasa y os tomarán unas constantes (temperatura, tensión arterial, saturación de oxígeno, frecuencia cardiaca…) y sería muy buena señal que os hagan esperar 5 horas, porque entonces seguro que no es nada grave. El personal de triage establece unas prioridades y pasa esta clasificación a los médicos de urgencias, que en función de la misma, llaman antes a unos que a otros, por lo que no debéis desesperar si observáis que llaman a alguien que llegó después que vosotros, sino más bien sentir alivio.

En tercer lugar habremos llegado a la consulta del médico de urgencias. En la mayoría de hospitales, el médico que nos verá será un Médico Interno Residente (MIR), que es un Médico en posesión del Título de Licenciado en Medicina y Cirugía con todas las de la ley y que además se está formando en una especialidad. Según el tamaño del Hospital y la organización del centro, podemos encontrarnos con varias puertas de Urgencias: la puerta de Pediatría, la de Obstetricia, la de Traumatología, la puerta General, aunque esto sólo suele ocurrir en grandes hospitales. En los hospitales más pequeños suele haber menos puertas: tal vez una de Obstetricia para las embarazadas y otra general para todo lo demás (las puertas no tienen porqué ser físicas y es posible que una embarazada entre por la misma puerta pero sea vista en lugar de por el médico de la puerta general, por el MIR de la especialidad de Obstetricia directamente, o por el MIR de Pediatría en el caso de los niños). Debéis saber que todo el trabajo de los MIR se encuentra bajo la supervisión de los Médicos titulares de Urgencias, a los que consultan en los casos más complicados o ante la menor duda.

Llegado a este punto os pediría un favor: no exageréis, no cambiéis la historia según el médico que os vea. Es muy habitual que se le cuente una cosa al profesional de triage, otra distinta al pobre residente de primer año, cambiéis la versión para el residente avanzado, y no tenga nada que ver con la primera cuando venga el Facultativo Especialista del Area de Urgencias. Este pobre, suele quedar en evidencia si a su vez llama al Internista de guardia, pues este recibirá la última y mejor versión. Facilitaría enormemente las cosas si contáseis la historia tal cual es. En el caso de Pediatría, no suele haber grandes problemas. Si los padres exageran, los médicos no cuestionamos dicha exageración y los niños acaban ingresados y observados. Tal vez tanta exageración sea un Sindrome de Munchausen por poderes y tendremos que constatar durante el ingreso esa forma de maltrato. Así que ya sabéis: no seáis exagerados porque nosotros tenemos la obligación de creernos (aunque no nos creamos ni media) todas vuestras afirmaciones “a pies juntillas”, lo que podría acarrear graves consecuencias al niño. Contadle todos los antecedentes (vacunas, alergias), contadle que toma, cuando fué la última vez que acudió a su médico, por qué lo habéis llevado, incluso a que dedica el tiempo libre. Llevad todos los papeles, radiografías, electros, analíticas que tengáis de él. Eso de “ocultar pruebas” está muy feo y es un atraso. Puede que el Servicio de urgencias pueda acceder a vuestra Historia del Centro de salud, pero no es lo habitual, aunque si pueden hacerlo, os podéis ver desenmascarados si contáis un cuento chino y ahí se habrá terminado la relación de confianza mutua que debe reinar entre médicos y pacientes.

Una vez realizada la historia clínica, viene la exploración. Indicad si se trata de un menor las peculiaridades: vomita si le mete el palo, le gusta que lo vean en mis brazos, no le gusta tenderse en la camilla. Esto es especialmente importante si padece un TEA (Trastorno del Espectro Autista). Procure no asustarlo (“que no te va a doler” es interpretado como “te va a doler”), seguir las indicaciones del médico para ayudarle y que el niño se sienta confiado. No le mienta (“no va a usar el palo”, “no te va a doler”, “no te va a hacer nada”). Acompáñelo para que se sienta seguro. Déle la mano, esté cerca de él si el médico se lo permite (y si no se lo permíte pregúntele por qué). Esto hará más llevadero el trance de la exploración. No le dé indicaciones acerca del lugar del que se debe quejar.

Una vez valorado por el médico, es una magnífica idea preguntarle qué es lo que piensa, pues tras la historia y la exploración, viene el juicio clínico y éste debe ser previo a cualquier exploración complementaria. No se deje radiar ni pinchar sin saber que es lo que sospecha el médico y qué es lo que tiene pensado hacer en función de los resultados que obtenga con las pruebas que ha pedido. El médico que pide sin ton ni son, generalmente acaba desorientado por los resultados, pues como diría nuestro cordobés universal “No hay viento favorable para el que no sabe donde va” (Séneca). Procure por tanto, no presionar al médico para que le haga cosas o terminarán todos en medio de ningún lugar dando palos de ciego como en una piñata. El problema es que la piñata suele ser el pobre niño que es el que se lleva todos los palos.

Si finalmente ha tenido que ser sometido a pruebas complementarias, como radiografías o analítica de sangre u orina, tenga paciencia porque suelen tardar. Interrogue al medico sobre el significado de los resultados y sobre todo, sobre las implicaciones de los mismos: como consecuencia de un resultado puede darse de alta con o sin tratamiento, ingresarse en observación, ingresarse en planta o exigir la repetición de las pruebas o la solicitud de nuevas pruebas, pero todo esto ya lo deberíais saber antes de que lleguen los resultados.

Si tenéis suerte, os darán de alta sin tratamiento o con tratamiento, pero siempre con un informe detallado de la historia, la exploración, el juicio clínico, las pruebas complementarias, un diagnóstico y un tratamiento si se considera necesario, así como una derivación a consultas externas si fuese el caso.

Y ahora prestad MUUUUCHA ATENCION!!!:

La legislación vigente obliga a todo médico que indica un tratamiento a prescribir el fármaco en una receta oficial. El informe de urgencias no es válido para ir a sacar medicinas de una farmacia. Si el farmacéutico no os pone problemas puede ser porque se trate de un medicamento de venta libre o porque sea vuestro vecino y amigo (a ese farmacéutico regaladle un jamón por navidad, porque las multas por entregar medicación sin una receta médica que la avale son escalofriantes). Así pues no se sale del hospital sin la receta. Eso de que en urgencias no hay recetas es tan increible como si fuéseis a vuestro médico y no tuviese recetas. Puede que no las tengan, pero será porque no las han pedido y tienen obligación de tenerlas. Ya sabéis: reclamación.

Lo mismo es aplicable a “es conveniente que su médico lo mande al especialista de…”. Si ve conveniente que lo mande, pues que lo mande él. Esto le evitará alguna discusión con su médico que, aunque no lo crea, puede estar en completo desacuerdo con el criterio del hospital, bien en cuanto a medicinas, bien en cuanto a revisiones por especialistas, bien en cuanto a la necesidad de nuevas pruebas.

Si por fin ha tenido la suerte de escapar ileso del Hospital (con las venas en su sitio y limpio de radioactividad), o si no ha tenido tanta suerte, puede ser necesario llevar el informe a su médico, pero como diría José Mota: “mejor hoy no: mañaaaana”. En el hospital le deben haber proporcionado las recetas necesarias para iniciar el tratamiento y desde luego si necesita que lo vea un médico a 3 horas de haberle dado el alta, es que debe estar malísimo y es mejor no marcharse del hospital. Cuando llegue a casa, puede pedir cita en salud responde o a través de la web en la impersonal intersas o con María para ir a su médico sin prisa. De esta forma, si necesita una revisión tras el alta, habrán pasado 1,2 o 3 días con lo que su médico podrá valorar si se ha producido una mejora de las molestias que le aquejan. Si el resultado de la consulta en urgencias es que no tiene nada y por tanto no hay que revisar nada, no es necesario ir a su médico para enseñarle un informe de que no tiene nada y por tanto no hay que vigilar nada. Si acaso, cuando tenga que volver por otro motivo al médico (ojalá tarde mucho tiempo), aprovecha y le lleva el informe. Si usted no lo ha reciclado antes, seguro que el médico lo hace -si es ecologista- o se lo deja para que guarde un recuerdo de su visita a urgencias, pues con la Historia Digital de Andalucía el médico de Atención Primaria puede consultar en la mayoría de lugares una copia de su informe de alta sin necesidad de que usted se lo acerque.

Y con esto, tarde pero cierto, os he informado de cómo funcionan las visitas a urgencias, cuales son vuestros derechos y cuales son las cosas que deberíais hacer.

Espero animarme pronto a contaros el próximo capítulo: la visita al “especialista” o “echando la mañana en consultas externas”.

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4 comentarios en “Manual del perfecto usuario de la Sanidad pública III: Me voy a Urgencias!

  1. Me uno a los comentarios anteriores, deberian leerlo todos los usuarios , ganariamos muchisimo todos y sobre todo los niños

  2. Pingback: Manual del perfecto usuario de la Sanidad pública III: Me voy a Urgencias! « Pediatría para usuarios

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