Manual del perfecto usuario de la Sanidad Pública. El aviso urgente.

Esta será la primera de una serie de entradas que espero os sean de utilidad para desenvolveros como pez en el agua en este proceloso mar de los sistemas sanitarios públicos, plagado de demagogia, derechos evanescentes y humo, sobre todo mucho humo.

Es difícil comenzar y para ello nada mejor que verse a uno mismo de enfermo o ver que tus familiares enferman y necesitan de la sanidad pública. ¿Que es lo que hago yo y que es lo que creo que deberíais hacer vosotros?

En primer lugar debo discernir si lo que tengo es motivo de urgencia o no. Pero… ¿Qué sé yo lo que es urgente? Si de niños se trata, que es mi campo, tal vez esto os ayude. No, no me lo he inventado yo. Está sacado de una Guia del Gobierno de Aragón que se llama “cuídame“. Si sois adultos,creo que con un poco de sentido común bastará para discernir entre ambas situaciones.

Bien, supongamos que lo que tenemos es una urgencia y el paciente por sus circunstancias no debe o no puede ser movilizado (esto es absolutamente excepcional). Tendremos que llamar y requerir la presencia inmediata de los servicios médicos. Conocer como funcionan estos servicios creo que no nos irá mal. La situación es de lo más variopinta, pues va desde lugares en los que se cuenta con UVIs móviles (su cobertura no es universal) a lugares en los que nos atenderá un médico y un enfermero del DCCU (el decu) o Dispositivo de Cuidados Criticos y Urgencias o un médico que tiene que interrumpir su consulta y coger su coche y que llega sin enfermero siquiera. ¿De qué depende quien viene? Pues básicamente depende de la información que damos al llamar por teléfono a la central de emergencias (061 o 112). La actitud de algunos usuarios deja bastante que desear, pues no informan correctamente de una serie de signos básicos en el paciente (respira con dificultad, está inconsciente, tiene convulsiones, sangra abundantemente…) que se requieren para movilizar al equipo idóneo. Imaginaros un accidente en carretera:

1.- Primero asegurar la zona mediante la colocación de luces de avería y triángulos para evitar un segundo accidente. En casa tal vez tengamos que hacer alguna maniobra de reanimación cardiopulmonar básica, cosa que os aconsejo aprendáis a hacer.

2.- Llamar pidiendo ayuda, pero para esto debéis poder dar algunos datos: identificaros, dad vuestro número de movil por si la comunicación se corta, localización (carretera, kilómetro aproximado en el que ha ocurrido, entre qué localidades ha ocurrido, sentido de la circulación en el que se encuentra el accidente si de una autovía se trata, número de coches implicados, número aproximado de heridos). Es bastante frecuente que los servicios de urgencia salgan a la “búsqueda” de accidentes y lleguen tarde porque no se ha indicado correctamente la localización. Esto es aplicable a la dirección de una casa (la calle cambió de nombre, la casa cambió de número…). Siempre hay que dar todas las indicaciones posibles para que el equipo pierda el menor tiempo posible en llegar y se movilice al equipo más próximo.

3.- En ocasiones hay que hacer una segunda llamada, tras comprobar el estado de los accidentados y su número exacto, pues podría ser necesario movilizar algunos recursos más o desmovilizarlos a fin de tenerlos disponibles para otras urgencias. En ocasiones llegan 3 ambulancias para atender una salida de la vía en la que el conductor únicamente ha sufrido una contusión, o una sola ambulancia para atender a una familia completa. En el caso del aviso domiciliario, no os molestéis por las preguntas que el operador os realiza a fin de intentar valorar la severidad del cuadro por el que se avisa. Es tristemente frecuente recibir respuestas como “que venga el médico ya!” (cuando el médico ya va hacia allí) cuando se pregunta sobre la respiración, si tiene mareo, esta inconsciente, tiene convulsiones… Tranquis! preguntar no es ofender. Se trata de optimizar y de prestar siempre la mejor atención posible. Y sobre todo se trata de “priorizar”. Y esto es así, porque los servicios de urgencia no suelen estar aburridos precisamente, sino que es fácil que se les acumulen varios avisos y hay que discernir a cual hay que acudir primero y personalmente acudiría antes a un aviso en el que me informan de que se trata de una persona de 45 años que se quejaba de dolor en el pecho y estaba mareado, que ha perdido el conocimiento (eso me figuro lo que es), que al aviso de alguien que sólo me dice “que venga ya!” que no se si será un infarto, una fiebre de 39º o un cólico nefrítico (que duele un huevo -que me lo digan a mí- pero no es mortal). No creo que se tarde tanto en decir: “Hola, le llamo desde el número tal de  la calle tal del pueblo tal. He encontrado a mi marido de 45 años inconsciente. Hace un momento se estaba quejando del pecho y decía que estaba mareado. Por favor no tarden e indíquenme si puedo hacer algo mientras llegan” Este tipo de informaciones desencadena una puesta en marcha inmediata, que puede conllevar que nos quedemos a medio recetar la pomada para la picadura, porque eso, sí que puede esperar. Si embargo vaguedades como “mi padre está muy malo”, pueden acabar en un aviso para ver a un anciano encamado que tiene una lipotimia al levantarse, a una simple gripe o a un “vaya ustéd a saber qué”.

No quiero acabar esta primera entrada sin recordaros que los recursos son muy limitados y que, avisar para que venga al médico para que nos vea una picadura del mosquito tigre a las 2 de la mañana a “Caraduras de arriba”, porque nos da pereza vestirnos y coger el coche (si es que eso es urgente que lo vea un médico),  puede ser la diferencia entre que vuestro hijo sobreviva o no al atropello que acaba de sufrir tras salir de la discoteca de “minganillos de abajo” que está a 20 Km por una carretera infernal. No se trata de asustar con el “coco”. Se trata de haceros partícipes del uso responsable de los recursos y de las consecuencias nefastas que en ocasiones acarrea su mal uso. Por supuesto, si no fuísteis vosotros quienes avisásteis al médico a las 2 de la mañana cargaréis contra él indignados por la tardanza en atender a vuestro hijo, cuando tal vez deberías cargar indignados contra vuestro vecino que se “jacta” de que el médico está allí todos los días cada vez que a él le da la gana, para mirarle sus ronchitas, para curarle sus mocos o para recetarle un nolotil porque le duele una muela.

Si por algo se caracteriza el sistema sanitario público es porque a la vez somos jefes, usuarios y sufridores, así que tenemos responsabilidad sobre el uso que hacemos nosotros mismos, sobre el que hace nuestra familia y sobre el que hace el vecino.

Por supuesto, si alguna vez os sentís mal atendidos por un operador o por un profesional sanitario, no entréis en estériles discusiones en caliente con ellos. Así no se arregla nada. Mucho mejor una hoja de reclamaciones al canto, pidiendo explicaciones.

Y os adelanto que si no me aburro antes, la próxima entrada será: la cita en el centro de salud. Dejaremos para más adelante la visita a urgencias, la visita a las consultas externas, la intervención quirúrgica o el ingreso en planta. Si se me olvida colgadme un comentario recordándomelo.

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Un comentario en “Manual del perfecto usuario de la Sanidad Pública. El aviso urgente.

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